Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a lxs lectorxs/militantes a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autorxs para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.
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lunes, 17 de agosto de 2026

San Martín

San Martín

I
No nacen los torrentes
En ancho valle ni en gentil colina;
Nacen en ardua, desolada cumbre,
Y velan el cristal de sus corrientes,
Que ruedan en inquieta muchedumbre,
Vagarosos cendales de neblina.

No bajan de la altura
Con tardo paso y quejumbroso acento,
Copiando flores, retratando estrellas
En el espejo de su linfa pura,
Mientras en la lira del follaje, el viento
Murmura la canción de sus querellas.

Se derraman sin rumbo
Por ignotos y lóbregos senderos,
Caravanas del ámbito infinito,
¡Cual si quisieran sorprender al mundo
Con el fragor de sus enojos fieros,
De libertad con el potente grito!

Nació como el torrente,
En ignorada y misteriosa zona
De ríos como mares
De grandes y sublimes perspectivas,
¡Do parece escucharse en los palmares
El sollozo profundo
De las inquietas razas primitivas!

Nació como el torrente,
Rodó por larga y tenebrosa vía,
Desde el mundo naciente al mundo viejo;
Torció su curso un día,
Y entre marciales himnos de victoria,
¡Desató sobre América cautiva
Las turbulentas ondas de su gloria!

II
Cual tiembla la llanura
Cuando el torrente surge en la montaña,
La espléndida comarca de su cuna
Se estremeció con vibración extraña
Cuando nació el gigante de la historia;
¡Y algo como un vagido,
Flotó sobre las mudas soledades
En las alas del viento conducido!

Lo oyó la tribu errante
Y detuvo su paso en la pradera;
Vibró, como una nota,
De la selva en las bóvedas sombrías,
Flébil nota de místicos cantares,
Y el Uruguay se revolvió al oírla,
En su lecho de rocas seculares.

El viejo misionero
Que en el desierto inmensurable abría
Con el hacha y la cruz vasto sendero,
¡Tembló herido aquel día,
De indefinible espanto,
Cual si sentido hubiese en la espesura
El eco funeral del bronce santo!

El soldado español creyó que oía
Cavernoso fragor de muchedumbre;
Que los lejanos bosques, que ostentaban
Sobre el móvil ramaje
El áureo polvo de la hirviente lumbre
Del sol en el ocaso,
¡Eran negras legiones de guerreros,
Que con acorde y silencioso paso
De las altas almenas descendían
Chispeando los aceros!

¡Presentimiento informe del futuro!
¡Voz celeste que anima en la batalla
Al esclavo que lucha moribundo,
Y al opresor desmaya!
¡Pavorosa visión, habitadora
De los viejos derruidos monumentos,
Que guardan de los siglos la memoria,
Y que anuncia a los siglos venideros
Los grandes cataclismos de la historia!

Aquella voz decía:
«Ya nació el salvador, ¡raza oprimida!
Ya nació el vengador, ¡raza opresora!
Ya la nube del rayo justiciero,
Asciende al horizonte rugidora,
Y se alza el brazo airado,
Que va a rasgar el libro de las leyes
De la conquista fiera,
¡Y a azotar con el cetro de sus reyes
El rostro de la España aventurera!»

III
Dejó su nido el águila temprano,
¡Ansiaba luz, espacio, tempestades,
Playas agrestes y nevados montes
Para ensayar su vuelo soberano!
Buscaba un astro nuevo
Perdido en los nublados horizontes,
¡Y fue en su afán gigante
A preguntar por él al Oceano!

¿Qué se dirán a solas
El águila de América arrogante,
Mojando el ala en las hurañas olas,
Y el hosco mar Atlante,
De la alta noche en la quietud sagrada,
Y al rumor de la playa estremecida,
Escuchando en la atmósfera callada
Rodar el mundo y palpitar la vida?

Acaso el Oceano
Le repitió al oído los cantares
De aquel errante cisne lusitano
Que estremeció con su dolor los mares;
O le dijo más bajo,
Con ademán profético y severo:
¡Allá! ¡Tengo guardada,
De mi imperio en el límite postrero,
Como una nave misteriosa anclada,
La roca en que en tiempo venidero
Otra águila caudal va a ser atada!

No detuvo su vuelo
El águila de América arrogante;
Iba buscando en extranjero cielo
La estrella fulgurante
Que soñaba en el nido solitario
De la selva uruguaya,
Y fue a posarse un día
Del mar hesperio en la sonora playa.

Tronaba por los montes
De la guerrera tempestad la saña,
Y vio flotar al viento,
Sobre la débil indefensa España,
¡De la conquista el pabellón sangriento!
Y el ave americana
Soltó de nuevo el turbulento vuelo,
Cruzando rauda la extensión vacía
¡Y fue a buscar al águila francesa
Entre el estruendo de la lid bravía!

Bailén la vio severa
Entre el tropel de la legión bizarra
Que el suelo de la Patria defendía;
¡Y la marca sangrienta de su garra
Quedó estampada en la imperial bandera
Conocida de valles y montañas,
Que las lindes de un mundo había borrado
Sembrando glorias y abortando hazañas!

Mas no era aquel el astro que buscaba:
No era el rojizo sol de Andalucía,
El sol de los ensueños
Que con afán inquieto perseguía.
Allí un pueblo esforzado reluchaba
En la alta sierra y la llanura amena
Por sacudir el extranjero yugo,
Para amarrar de nuevo a su garganta
De los antiguos amos la cadena.–

¡Volvió a tender el vuelo,
Cargada de laureles
Y entristecida el águila arrogante!
Buscaba por doquier pueblos libres,
Y hallaba por doquiera pueblos fieles.–
Hasta que al fin un día,
Vio levantarse en el confín lejano
Del patrio río en que dejó su nido
De libertad el astro soberano,
¡De libertad el astro bendecido!

IV
Un mundo despertaba
Del sueño de la negra servidumbre,
Profunda noche de mortal sosiego,
Con la sorda inquietud de la marea.–
Y en la celeste cumbre,
Las estrellas del trópico encendían
Sus fantásticas flámulas de fuego
Para alumbrar la lucha gigantea.–

Un mundo levantaba
La desgarrada frente pensativa
Del profundo sepulcro de su historia,
Y una raza cautiva
Llamaba al Salvador con hondo acento;
Y el Salvador le contestó lanzando
El resonante grito de victoria
Entre el feroz tumulto de las olas
Del Paraná irritado,
Al sentirse oprimido por las quillas
De las guerreras naves españolas.–

¡Fue un soplo la batalla!
Los jinetes del Plata, como el viento
Que barre sus llanuras, se estrellaron
Con empuje violento
En la muralla de templado acero;
Y se vio largo tiempo confundidas
Sobre la alta barranca,
Y entre el solemne horror de la batalla,
¡La naciente bandera azul y blanca
Y el rojo airón del pabellón ibero!

Fue la primer jornada,
Del torrente nacido en las sombrías
Florestas tropicales;
La primera iracunda marejada,
Y su rumor profundo
Llevado de onda en onda por el viento
Del Plata, al Oceano,
¡Fue a anunciar por el mundo
Que ya estaba empeñada la partida
Del porvenir humano!

V
Al pie de la montaña,
Centinela fantástico que ostenta
La armadura de siglos,
Que abolió con su masa la tormenta,
Fue a sentarse en gigante de la historia,
Taciturno y severo,
Pensando en la alta cumbre
Donde el nombre argentino a grabar iba
Con el cincel de su potente acero.

La voz que llama al águila en la altura
Y el huracán despierta en el abismo,
Es la voz de la gloria
Que llama a la ambición y al heroísmo;
Con misterioso, irresistible acento,
Aquella voz que imita
Rumores de batalla,
Murmullos de laureles en el viento,
Himnos de Ossián en la desierta playa.

Lo oyó el héroe y la oyó la hueste altiva,
Que velaba severa,
¡Soñando con la patria y con la historia,
Al pie de la gigante cordillera!
Y al sonar de los roncos atambores
Largó el cóndor atónito su presa,
Y la ruda montaña, conmovida,
Doblegó la cabeza
¡Para ser pedestal de esa bandera!

VI
¡Ya están sobre las crestas de granito
Fundidas por el rayo!
Ya tienen frente a frente el infinito:
Arriba, el cielo de esplendor cubierto;
Abajo, en los salvajes hondonados,
La soledad severa del desierto;
Y en el negro tapiz de la llanura,
Como escudos de plata abandonados,
¡Los lagos y los ríos que festonan
De la patria la regia vestidura!

¡Ya están sobre la cumbre!
Ya relincha el caballo de pelea
Y flota al viento el pabellón altivo,
¡Hinchado por el soplo de una idea!
¡Oh! ¡Qué hermosa, qué espléndida, que grande
Es la patria mirada
Desde el soberbio pedestal del Ande!
El desierto sin límites doquiera,
Oceanos de verdura en lontananza,
Mares de ondas azules a lo lejos,
Las florestas del trópico distantes,
Y las cumbres heladas
De la adusta argentina cordillera,
¡Como ejército inmóvil de gigantes!

¿En qué piensa el coloso de la historia,
De pie sobre el coloso de la tierra?
Piensa en Dios, en la Patria y en la Gloria,
En pueblos libres y en cadenas rotas;
Y con la fe del que a la lucha lleva
La palabra infalible del destino,
¡Se lanzó por las ásperas gargantas,
Y lo siguió rugiendo el torbellino!

VII
Débil barrera oponen a su empuje
Los arrogantes tercios españoles,
De Chacabuco en la empinada cuesta,
Que como roja nube centellea
Mientras el viento encadenado ruge.–
¿Quién detiene el torrente embravecido
Cuando el soplo de Dios lo aguijonea?
El torrente llegó, rompió la valla,
Y se perdió veloz en la llanura;
Y al mirarlo pasar lo saludaron
Las nubes agitándose en la altura.–

¡Reguero de laureles!
Sólo una vez el sol de su bandera
Palideció con fúnebre desmayo:
Aquella ingrata noche de la historia,
Que cruzó como nube pasajera
Barrida por cien ráfagas de gloria.
Para borrar sus sombras, encendimos
Con corazas y yelmos y cañones,
En el llano de Maipo inmensa hoguera
¡A cuya luz brotaron dos naciones!

VIII
Los vientos de Oceano,
Llevaban en sus alas turbulentas
A los valles chilenos,
Mezclados al rumor de las tormentas,
Los lastimeros ecos fugitivos,
Que los sauces del Éufrates oyeron
Del arpa de los míseros cautivos.

Aun quedaba un pedazo
De tierra americana, sumergido
En la noche de error del coloniaje,
¡Para ser redimido!
Aun yacía en oscuro vasallaje
Aquel pueblo bizarro,
Que cual robles del monte despeñados
Con ímpetu sonoro,
¡Vio caer a sus Incas, derribados
De su trono de oro
Bajo el hacha sangrienta de Pizarro!

¡Sonaron otra vez los atambores!
Hinchó otra vez el viento la bandera
Que desgarró de Maipo la metralla,
Y a la voz imperiosa del guerrero,
¡Bajó la espalda el mar, como si fuera
Su bridón generoso de batalla!

IX
¡Salud al vencedor! ¡Salud al grande
Entre los grandes héroes! Exclamaban
Civiles turbas, militares greyes,
Con ardiente alborozo,
En la vieja ciudad de los Virreyes.–
Y el vencedor huía,
Con firme paso y actitud serena,
A confiar a las ondas de los mares
Los profundos secretos de su pena.–

La ingratitud, la envidia,
La sospecha cobarde, que persiguen
Como nubes tenaces,
Al sol del genio humano,
Fueron siguiendo el rastro de sus pasos
A través del Oceano,
Ansiosas de cerrarle los caminos
Del poder y la gloria,
¡Sin acordarse, ¡torpes! de cerrarle
El seguro camino de la historia!

X
¡Allá duerme el guerrero,
A la sombra de mustias alamedas
Que velan su reposo solitario!
¡Ay! No arrullan su sueño postrimero,
Como soñó en la tarde de su vida,
Los ecos de las patrias arboledas!

Allá duerme el guerrero,
De extraños vientos al rumor profundo:
Los vientos de la historia,
Que lloran las catástrofes del mundo;
Y acaso siente en la callada noche
Pasar en negra y lastimera tropa,
Fantasmas de los pueblos oprimidos,
¡Espectros de los mártires de Europa!

¡Cómo tembló la losa de su tumba
Y se agitó su sombra gigantea
Cuando sintió rugir a la distancia
El sangriento huracán de la pelea,
Y vio caer exánime a la Francia
Bajo los cascos del corcel germano
En medio del espanto de la tierra!
¡Ah! Quizá levantó la yerta mano
Para ofrecerle en el desastre inmenso,
A falta de su espada,
¡La espada de Maipú y de San Lorenzo!

XI
¡Un siglo más que pasa!
¡Una ola más del mar de las edades,
Una nueva corriente de la historia,
Que arrastra a las eternas soledades
Generaciones, sueños y quimeras!
Hace un siglo recién desde aquel día,
Fecundo día de inmortal memoria,
Cuando el lejana misteriosa zona,
¡El salvador de América nacía
A la sombra de palmas y laureles
Que no habían de bastar a su corona!

Un siglo nada más; un paso apenas
Del tortuoso sendero
Que lleva al porvenir desconocido.–
Un siglo nada más, y el grito fiero
Ya no se oye, del indio perseguido
Por la implacable fe del misionero
Y la avaricia cruel de sus señores.–
Ya ha crecido la hiedra,
De Yapeyú en los áridos escombros
Que alzan la frente airada
De la luna a los lívidos fulgores,
¡Como tremenda maldición de piedra!

La aurora de este siglo
Nació en los tenebrosos horizontes
De un inmenso desierto.–
Tribus errantes y salvajes montes,
La barbarie doquier; y el fanatismo
Fue ascendiendo, ascendiendo,
Como un rayo de luz en un abismo,
Y al bajar al ocaso,
¡Alumbran su camino
Los millares de antorchas del progreso,
Del pensamiento al resplandor divino!

Ayer, la servidumbre
Con sus sombras tristísimas de duelo,
Cadenas en los pies y en la conciencia,
¡La sombra en el espíritu y el cielo!
Hoy en la excelsa cumbre
La libertad enciende sus hogueras,
Unida en santo abrazo con la ciencia;
Los dos genios del mundo vencedores:
¡La libertad que funde las diademas,
Y la ciencia que funde los errores!

¡Milagros de la gloria!
Tu espada, San Martín, hizo el prodigio;
Ella es el lazo que une
Los extremos de un siglo ante la historia,
Y entre ellos se levanta,
Como el sol en el mar dorando espumas,
El astro brillador de tu memoria.–

¡No morirá tu nombre!
Ni dejará de resonar un día
Tu grito de batalla,
Mientras haya en los Andes una roca
Y un cóndor en su cúspide bravía.–
¡Está escrito en la cima y en la playa,
En el monte, en el valle, por doquiera
Que alcanza de Misiones al Estrecho
La sombra colosal de tu bandera!

de Olegario Víctor Andrade,
en https://es.wikisource.org/wiki/San_Mart%C3%ADn (26/1/26).

sábado, 8 de agosto de 2026

Me habitas

Me habitas

Tu fantasma crece de noche, neblinoso y azul
sobre mis sueños.
Llega con su bandera de reclamos
y me viste de vos con tus manos de campesina
en la amarga vigilia de continuar pronunciándote.

Me miras y ya no puedo dejar de mirarme
en tu espejo de agua
donde me entregas a la última sed.

Tu pie ha dejado su huella
de la multiplicación de los panes
en esta patria que también es tuya.

Me despierto entre tabacales maduros
y quedo abierta, como vos
hecha de tierra secándose al sol.

No te mataron la sonrisa
yo la tengo guardada en las cuencas vacías
de una pálida muñeca que continúa esparándote.

de Elena Cabrejas,
en Algo habrán hecho (Monjas francesas desaparecidas), Ediciones la Flor, 2000.

jueves, 6 de agosto de 2026

TORTURAS

TORTURAS

Los valientes torturadores
se embriagan o se drogan
antes de entrar al cuarto oscuro
donde yace un luchador
atado de pies y manos
vendado y amordazado

Entran como huracanes
vociferando insultos
como para darse valor
tiemblan de impotencia
ante el hombre pueblo
indoblegable

los monstruos
hurgan en sus entrañas
exprimen el cerebro
buscando los secretos
que aquel celoso centinela
escondió para siempre.

de Héctor Acevedo Moreno (Oktavio Martínez),
en Versos Insurgentes - Poesía Guerrillera, 2007.

miércoles, 29 de julio de 2026

Lamento de un terrateniente

Lamento de un terrateniente

Misión cumplida,
invertido todo en finca raíz,
reposo sobre la tierra,
inversión segura,
metros y metros, todos cuadrados,
casa al borde del mar,
apartamento en Nueva York,
pisito en París,
chalet campestre al pie del páramo,
allí es más hondo el amor a la tierra
aunque sople demasiado el viento,
aunque inunde mis rosados pulmones,
aunque tiemblen mis blancas rodillas
y los frailejones canten canciones destempladas.

Es una falsa aurora,
la sonrisa morosa en el espejo,
minipoblación flotando en nubes de perfume,
población sobrante:
los ricos somos cada vez menos,
ni sombra de una masa,
una logia tal vez,
una secta secreta.
Y si alguien pide justicia
yo no lo oigo,
nada me apasiona,
enterrado en la tierra
¿qué puedo ver?
¿qué puedo oír?
¿qué puedo hacer?
¿qué puedo querer, fuera de tierra?
¿y será por eso que me dejo
llevar por la constelación mística?

¡Ah, sí, sólo los místicos me llenan
a mí, que vivo sin vivir en mí,
encerrado entre muros,
hundido en el concreto,
metido en los ladrillos,
encementado!
Y también el campo de golf
cavando mi tumba
unos milímetros cada día
mientras se elevan las paredes
que me encierran.

¿Será por eso este sudor frío que me invade,
este agradable malestar que me corroe,
estas nubes de perfume que me embriagan,
esta tendencia insoslayable,
plutónica y tectónica?

O será este espejo que me engaña
en el nunca jamás podré verme
como me ví un vez, así enterrado
como estoy, muy profundo en la tierra,
muy cerca de su candente corazón,
allí donde no llega la paloma
con su ramo de oliva.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

domingo, 26 de julio de 2026

ORACIÓN

ORACIÓN

SEÑOR de los milagros y la altura, 
bondadoso Señor del cielo claro,
la voz ardiente de mi desamparo
alzo hacia Ti, como una flor madura.

Escúchala, Señor, Su tono triste,
su lamento deshecho y su ternura
tienen raíz de tiempo y amargura,
tienen la vibración de lo que existe.

No te pido por mí. Pido por ella, 
por su risa volando de paloma,
por sus ojos ardidos, donde asoma
 la penúltima gracia de la estrella.

Tú la has visto, Señor, cada mañana
armar su guerra contra el desconsuelo,
 recoger todo el llanto en su pañuelo
y convertirlo en vuelo de campana.

La has visto atravesar el barro frío,
lastimarse las manos y la vida
limpiando una tristeza o una herida,
madurando la dicha con su estío.

Su caridad, Señor, es como el viento
desparramado sobre el ancho mundo.
Su caridad, señor, es un profundo
canto de amor y de resurgimiento.

Recuérdale, Señor, fuerte y erguida
en el amanecer de su hermosura
quemando su latido y su ternura
como una antorcha viva y encendida,

y recuerda también su rebeldía
cuando la patria estaba encadenada.
Ella misma empujó la madrugada
para que la tiniebla fuese día.

Es por eso, Señor, que esta plegaria
junto a tu misma Luz, clama y destella.
no te pido por mí, pido por ella,
flor prodigiosa y revolucionaria.

Devuélvele, Señor, su fuerza entera,
tú, que eres la bondad y eres el dueño.
devuélvele, Señor, su limpio sueño
y su risa trigal y volandera.

La patria entera vibra en mi plegaria.
toda la patria vive en su latido.
la patria entera duele en su gemido,
porque es nuestra, Señor y necesaria. 

de José María Fernández Unsaín,
en Poesía en la Revista Mundo Peronista Primera Parte (Darío Pulfer)FICHA PERONLIBROS www.peronlibros.com.arJulio, 2020.
 .

domingo, 19 de julio de 2026

Matador (canción)

Matador

¡Te están buscando, matador!

Me dicen el matador, nací en Barracas
Si hablamos de matar mis palabras matan
No hace mucho tiempo que cayó el León Santillán
Y ahora sé que, en cualquier momento, me la van a dar

Pa-pa-pa-oh
Pa-pa-pa-oh
¿Dónde estás, matador?
Pa-pa-pa-oh
Pa-pa-pa-oh

Me dicen el matador, me están buscando
En una fría pensión los estoy esperando
Agazapado en lo más oscuro de mi habitación
Fusil en mano, espero mi final
Pa-pa-pa-oh

Pa-pa-pa-oh
La cana te busca, matador (Pa-pa-pa-oh)
La cana te miente, matador (Pa-pa-pa-oh)
¡Hey, hey!
¡Hey, hey!

¡Matador, matador!
¿Dónde estás matador?
¡Matador, matador!
No te vayas, matador

Matado-oh-oh-oh-oh-oh-oh
¡Oh yeah!
¡Matador, matador!

Viento de libertad, sangre combativa
En los bolsillos del pueblo la vieja herida
De pronto el día se me hace de noche
Murmullos, corridas y el golpe en la puerta
Llegó la fuerza policial

Pa-pa-pa-oh
Pa-pa-pa-oh
Mirá hermano en qué terminaste (Pa-pa-pa-oh)
Por pelear por un mundo mejor (Pa-pa-pa-oh)

¿Qué suenan?
Son balas
Me alcanzan
Me atrapan
Resiste
¡Victor Jara no calla!

Matador, te están buscando
(Matador, matador) Matador te están matando
Matador-oh-oh-oh-oh-oh-oh, oh yeah
(Matador, matador) Valiente matador

Me dicen el matador de los 100 barrios porteños
No tengo por que tener miedo, mis palabras son balas
Balas de paz, balas de justicia
Soy la voz de los que hicieron callar sin razón
Por el sólo hecho de pensar distinto, ¡ay, Dios!
Santa María de los Buenos Aires, si todo estuviera mejor

¡Matador, matador!
Si todo estuviera mejor
¡Matador, matador!
¿A dónde vas matador?
¡Matador, oh yeah!
¡Matador, matador!

de Flavio Cianciarulo,
en Vasos vacíos, Sony Music Entertainment, 1993.

sábado, 18 de julio de 2026

Manuel Santillán, El León (canción)

Manuel Santillán, El León

¡Vamos, Manuel!
¡Uh!
¡Uh, uh-uh!
Es la historia de un león

El León está escondido en el callejón
Y sabe bien lo que le va a pasar
Entonces saca su revólver y va a disparar
La policía lo rodea sin tregua
Lo buscan por ajuste de cuentas
Y ese sargento que, sin vacilar, abre fuego y le da
Lo curioso es que antes de morir
El León Santillán pronunció palabras
Ante los oficiales que, desconcertados, miraban
Y les dijo
Queridos enemigos de siempre
Dejo este mundo de dolor
Nunca se olviden
Que el llanto de la gente va hacia el mar

Van al mar, van al mar (lo dijo el León)
Llanto y dolor, sufrimiento de un pueblo
Se ahoga y se hunde en el mar
Van al mar, van al mar (Manuel Santillán)
Llanto y dolor, sufrimiento de un pueblo
Se ahoga y se hunde en el mar
Lo dijo el León
Manuel Santillán
Lo dijo el León
Viejo peleador de San Telmo
Lo dijo el León
Manuel Santillán, el León
Lo dijo el León
¡Uh!

Los oficiales que vieron morir a Santillán
Abandonaron la institución
Nunca más se supo de ellos, del caso no se habló más
Sin embargo por el viejo San Telmo, en un sucio bodegón
Dicen que un borracho murmuró llorando
Las palabras que eran del León
¿Y cuáles eran, Manuel?
Van al mar, van al mar (el León Manuel)
Llanto, dolor, sufrimiento
De un pueblo se ahoga en el mar
Van al mar, van al mar
Llanto y dolor, sufrimiento de un pueblo
Se ahoga y se hunde en el mar

Yeah
Lo dijo el León
Lo dijo el León
¡Uh!
Van al mar, van al mar
Llanto, dolor, sufrimiento
De un pueblo se ahoga en el mar
Van al mar, van al mar (lo dijo el León)
Llanto y dolor, sufrimiento de un pueblo
Se ahoga y se hunde en el mar
Van al mar, van al mar
Llanto, dolor, sufrimiento
De un pueblo se ahoga en el mar
Van al mar, van al mar

de Flavio Cianciarulo,
en El León, Sony BMG, 1992.

martes, 9 de junio de 2026

CANCIÓN ELEMENTAL

CANCIÓN ELEMENTAL

Quiero mi voz más limpia y más segura
para cantar esta mujer que siento,
mujer bandera, con la voz del viento,
alzando entre los ángeles su altura.

Esta mujer que es fruto y es semilla,
que es jugo en la raíz, penumbra y faro.
para poder decir su nombre clro,
levanto la palabra maravilla.

Miradla como está, leve y hermosa,
seda en la piel y trigo en el cabello
y en los ojos oscuros el destello
por el que bautizamos la rosa.

Cuando la risa por su voz asoma
venida de los cielos más lejanos
es como si aleteara entre sus manos,
prisionera y alegre, una paloma.

Y si suelta su voz como campana,
ardiendo su fervor, ajena al llanto,
es como si escucháramos un canto
en el aire frutal de la mañana.

Ahí está manteniendo su penuria,
su dura lucha sobre la ancha tierra,
porque la patria es su primera guerra,
la patria es su ternura y es su furia.

Por eso la queremos. A su sombra
esta limpia Argentina va creciendo
y de sus cuatro rumbos resurgiendo
el clamor que la exalta y que la nombra.

Nosotros, los muchachos, la queremos.
nos dio la fe, nos adornó el paisaje,
nos encendió la sangre de coraje.
Nosotros, los muchachos, la queremos.

Quererla es creer en Dios y amar los vastos
cielos y sus estrellas musicales;
en Dios, que está en las viejas catedrales
y en la graciosa curva de los pastos.

Y nos basta mirarla. Todo en ella
es un canto a la patria preferida.
Está tan linda, pálida y erguida
1ue se enciende la fe como una estrella.

Y si alguna ansiedad nos desazona
nos basta su recuerdo, su mirada,
para llenar de sangre renovada
el corazón que se descorazona.

Del Norte al Sur, del Este hacia el Oeste,
proclamo esta verdad a mis hermanos:
EVA PERON nos puso entre las manos
una Patria más blanca y más celeste. 

de José María Fernández Unsaín,
en Poetas depuestos / Antología de poetas peronistas de la primera hora, Editorial Punto de Encuentro, 2011.

jueves, 21 de mayo de 2026

El poeta

El poeta

Para Raúl Gómez Jattin

Las langostas están a manteles,
la información que se recibe es errónea
como si fuera poco
el majestuoso desplazarse de los cisnes
o los labios despedazados del poeta.
Falla el poder descriptivo
se apaga el tono lírico
y hasta la naturaleza se ha vuelto retórica,
el vasto océano ruge
mientras el poeta rasga con sus garras
el firmamento
y raspa con sus pies lacerados
el pavimento de la metrópolis
donde todo es oscuro
y es claro para él
—demasiado—,
al mismo tiempo.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

sábado, 9 de mayo de 2026

MEMORIAS DE ARNY COBB

MEMORIAS DE ARNY COBB






de Stella Calloni,
en donde baila la tierra, Ediciones Continente, 2019. 

jueves, 7 de mayo de 2026

ALABANZA

 ALABANZA



de José María Castiñeira de Dios,
en Poetas depuestos / Antología de poetas peronistas de la primera hora, Editorial Punto de Encuentro, 2011.

domingo, 3 de mayo de 2026

El joven banquero

El joven banquero

Aquel banquero mesurado
de gastados pantalones,
labios finamente delineados
y prematura calvicie,
a quien su médico en la guerra
le prohibió escribir prosa
por seis meses, no fuera a morirse
de un ataque de melancolía
—¡Oh, Dios, qué delicado
para solo tener veintiséis años!—
descubrió entonces el infierno
y que los condenados llevaban
sombrero hongo, paraguas
y chaleco como él, y vio
a las ninfas en el Támesis
donde oyó Blake los gritos
de putas quinceañeras.

Pesadillas, temores, obsesiones
hicieron adusta su cara,
lo paralizaban imaginarios males
y preocupaciones del todo literarias.
Era muy ducho en parodias
y en textos publicitarios
y se preciaba de su gran humor
aquel joven conservador,
aristócrata del Nuevo Mundo
a la conquista del viejo,
que se hizo monarquista,
miembro de la iglesia de Inglaterra,
papista y antisemita vergonzante,
gran lector de sus versos,
teatrero metafísico
y consumado bebedor de té,
y que tenía una esposa bastante ida
que le tiraba las mangas
para llamarle la atención
cuando estaban con gente,
y le cerraba la puerta en las narices
a sus frustrados admiradores,
preguntándose furiosa entre dientes:
“¿Por qué vienen a ver a mi marido
y nadie quiere hablar conmigo,
su musa, su bien y su justo castigo?”.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

sábado, 25 de abril de 2026

HERMANO CHORRO

HERMANO CHORRO

Hermano chorro, yo también
sé del escruche y de la lanza...
la vida es dura, amarga y cansa
sin tovén.

Yo también tengo un laburo
de ganzúa y palanqueta.
El amor es un balurdo
en puerta.

Con tal que no sea al pobre
robá, hermano, sin medida...
Yo sé que tu vida de orre
es muy jodida.

Tomá caña, pitá fuerte,
jugá tu casimba al truco
y emborrachate, el mañana
es un grupo.

¡Tras cartón está la muerte!

de Carlos de la Pua,
en Los mejores poemas de la poesía argentina, Ediciones Corregidor, 1977.

viernes, 17 de abril de 2026

a Patrice Lumumba

a Patrice Lumumba

Dos palomas sus ojos
Dos fusiles sus manos


de Raúl Prieto,
en Barrilete, n°11, mayo, 1965.

sábado, 28 de marzo de 2026

A Miguel Hernández y su canto encadenado

A Miguel Hernández y su canto encadenado
(fragmento)

Picotazos de cuervos rondando tus carnes
hasta el último rincón del alma.
Y tu canto roto
como una vasija de sal.
Continúa cantando
desde cada uno de sus pedazos.
Porque el canto es más fuerte
que el dolor que sepulta a los muertos.
El silencio es un país hondo y espeso
donde se guarda el canto a madurar
donde se guarda la melodiosa furia
del alumbramiento del próximo día.
Abro los bosques de mi pelo
para atrapar tu memoria,
tu voz que me traspasa todavía
en la reencarnación del caos,
en los barrancos grises de la soledad
donde te han cruzado la piel a latigazos.
Tu voz sitiada en la celda del pecho,
panal que invadieron los ofidios
deidad que escribe con mil brazos
la historia del hombre.
La siento oscilar en mis pendientes
con sus negras piedras
como los pozos del olvido.
La escucho llegar en el agua del sueño
donde tus peces vuelven a seducirme
hasta vaciarme la sed.
La escucho con la unción
con que se escucha la profecía
que asciende en una catedral de sal.
Donde tu palabra me invade
con su obsesión de altar y quemadura.
En el lento ascenso
del subsuelo de la palabra
hay un hilo de luz que abre los cerrojos
de los gabinetes secretos.
Porque el poema escrito en la humedad
de las catacumbas echa raíces.
Tu canto que tiene caballos de fuego
tironea de la noche con el miedo adentro.
Y la piel cielo gris de tus ojos
pétalos de seda y musgo
despeñaderos de bruma
donde un guitarra clama
hechicera y carnívora.
Acechándome.
Imposible regresar desde el humo de tus ojos,
desde la asfixia
donde eres una barca de aliento y desolación
/ donde tu palabra comenzó a no ser
y el rocío no pudo salvarte del deseo.
¡Dios! La sirena de un barco sin timonel
viene a buscarte.
Y subes por las tinieblas del mundo
con tu destello vivo
de abrir hogueras en el alma.
Ritual de la luz
invadiendo las pieles de la noche
los túneles del cuerpo,
las raíces que crecen atándote los pies.
Cuerdas que tironean de la música
que cae sobre tu música
urdiendo melodías de soles
que surgen de tu hoguera
con sus agujas amarillas.
Uñas en las fisuras del corazón,
alacranes hurgando
en los páramos de la locura
en la feria de rostros
que no dejan de estallar en el acecho.
Suenan y resuenan tus versos en mi canto
cuando tu ausencia golpea
en sus concavidades
y otra poesía renace húmeda y sensual
para atraparme.
Ando desnuda y blanca
por las notas de tu voz,
huyendo hasta el fondo de tu herida
por donde vuelves a entrar.
Obstinadamente.
Y otra vez tus lágrimas de nieve
sobre el teclado rojo
de un piano con olor a madera
y desolación.
En el río del verso
recojo las piedras de tu canto.
Una a una queman mis manos
con el fulgor de tu vocación empecinada,
con la brasa del verbo
que brama en el pecho.
En el copón de tus manos
me das de beber pepitas de poesía.
En las puertas clausuradas
de tu exilio donde todas mis voces
continúan reclamándote.

de Elena Cabrejas,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.30, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

lunes, 16 de marzo de 2026

Leyendo a Vallejo

Leyendo a Vallejo

Es una voz que resuena
por encima de este barullo,
este tren que me lleva
no sé dónde,
la oigo resonar angustiada
dentro de mi cabeza,
hoy,
a tantos días de haber nacido,
la voz de un poeta muerto,
y se apagan las voces de los vivos
y los ruidos,
y él me habla de su pieza recóndita
con su silla, su mesa y su butaca,
y de aguacerso y del sol
y del hombre que lo vela,
y postula que es cálida la nieve
y fugaz la tortuga.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

martes, 10 de marzo de 2026

De regreso a México, D. F.

De regreso a México, D. F.

a Julio Valle-Castillo

Tu ciudad de diez años de estudiante
te traiciona.
Ya no te reconocés en ella, ya no te sirve
más que para la nostalgia.

Te das de frente con todos los muertos:
Herminio Ahumada, viejo combatiente del Vasconcelismo,
sandinismo encabronado
íntimo de Pellicer;
un poeta.

Irma Krautz, divorciada,
tan sufrida y tequilera,
eterna enamorada del poeta Cardenal.
- Una linda mujer como un ámbar con una hoja seca dentro -

Luis Rius nunca llegó al Festival de Poesía de Michoacán;
se lo llevó el cáncer sin el Nóbel, a los 53 años.

José Luis Benítez de tu misma edad,
murió de alcoholismo
al igual que don Ramón Martínez Ocaranza
(el Coronel Urtecho de Morelia).

Si no todos los muertos eran poetas,
eran como de la familia.

Sólo Ernesto Mejía-Sánchez, tu padre y maestro
(que reconoció bajo tus gafas las mancuernillas
de ámbar de don Laureano Castillo)
ha quedado como última y frágil evidencia del sueño.

de Daisy Zamora,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.90, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2014.

domingo, 22 de febrero de 2026

Homenaje a Machado

Homenaje a Machado
   

de Alfonso Sastre,
en Balada de Carabanchel y otros poemas celulares, Ruedo Ibérico, 1976. 

viernes, 20 de febrero de 2026

El filósofo

El filósofo

Está el filósofo en la foto
en blanco y negro
contra un fondo de árboles
con grandes flores blancas,
o bajo un cielo poblado
de enormes estrellas?

¿Y está él iluminado,
muy blanca su camisa
y su mata de pelo,
por el sol, o bajo la luz,
muy blanca, de la luna?

¿Y qué esta explicando
con esa mano fuerte, levantada?

¿Acaso que la realidad
tiene dos o más explicaciones
pero es una misma realidad?

Pues solo la foto, y él la explica
sin darse cuenta
—su trabajo es explicar
incansablemente
el ser y el mundo—
nos demuestra
que la luz de la luna
es la misma —reflejada—
luz del sol, que la ilumina.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.