Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a lxs lectorxs/militantes a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autorxs para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.
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sábado, 29 de noviembre de 2025

Braian

Braian

Entre el mezquino
que siempre busca sacar ventaja,
y el que ya de bebé aprendió
a compartir la cuna,
yo me quedo con Braian.

Entre los nenes de mamá
que hablan de sacrificio
y en su vida sintieron
lo que es sentirte menos
que una mula,
yo me quedo con Braian.

Entre el que se cree
buena gente
gente como uno
gente bien
porque da en bolsas de consorcio
lo que le sobra,
y el que se saca
la única campera que tiene
para que no te enfermes con la lluvia,
yo me quedo con Braian.

Entre el que entrega su domingo
con responsabilidad y afecto
a la causa colectiva,
y el que pone excusas
para no perderse la siesta,
yo me quedo con Braian.

Entre los que viven de rentas
y los que salen
de sol a sol
a ganarse el pan
(sólo el pan,
no sea que se confundan
y pretendan más)
a cambio de sangre, sudor y lágrimas
Yo me quedo Braian.
Entre los que piden bala
pero nunca dieron
ni un año
ni un día
ni siquiera una hora
por el otro
y los que nadan día a día
sin saber
si alguna vez
van a conocer
alguna orilla,
yo me quedo con Braian
siempre.

Me quedo con el de abajo,
el humilde,
el laborioso,
el que sabe,
el que se rebusca,
el que se brinda,
el que pone en marcha el mundo
todos los días,
el malherido,
el que viste harapos
el descalzo
el perseguido
el bastardo
el que se parece más a Cristo
que a los escribas, los césares y los fariseos.

Entre los mezquinos
los oportunistas
los egoístas
los miserables
Y Braian,
Yo no tengo dudas.
La patria tampoco:
nos quedamos
hoy y cada día
hasta la Victoria
siempre
con Braian.

de Nina Ferrari,
en Sustancia, Editorial Sudestada, 2020.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Norman Bethune

Norman Bethune

El canadiense más humano de nuestro tiempo
fue a España cuando España le gritaba al mundo
"¡Venid a ver la sangre derramada!"
"My eyes are overflowing," dijo, "and clouded with blood.
No podía mirar
la sangre derramada que veía.
Pero la sangre de los muertos era
ya sangre muerta.

El canadiense más humano de nuestro tiempo
escribió treinta versos como treinta blasfemias
sobre la sangre derramada por los muertos.
Son versos antiaéreos, anticelestiales,
que acaso derribaron algunos aviones
o una escuadrilla entera de hipocresía alada.

El canadiense más humano de nuestro tiempo,
sin olvidar la sangre derramada,
pensó en la sangre que vivía y que luchaba.
Como también era poeta de otra forma,
cuando veía heridas como "terribles flores de carne,"
les rimaba los bordes con suturas
para que no siguiera derramándose sangre.

Pero, a veces, las flores se quedaban de pronto
marchitas por la sangre ya perdida.
Y la sangre de los muertos era
ya sangre muerta.

El canadiense más humano de nuestro tiempo
vio cómo los fusiles pasaban de las manos
de los muertos y heridos a los que no tenían
fusiles en las manos.
Pensó en la sangre, en toda la sangre del pueblo de España,
vio que era toda un mar, una gran red de ríos
que iban a dar a ríos que iban a dar al mar,
al rojo mar inmenso que estaba defendiendo
la vida.

El canadiense más humano de nuestro tiempo
subió a un camión pequeño y recorrió los frentes
con botellas de sangre. Habiendo descubierto
que las venas del hombre pueden dar en el hombre,
fundó el Canadian Blood Transfusión Service,
Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre.

De Jesús López Pacheco,
en Entre los poetas míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.23, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Ayúdame, Valentina (canción)

Ayúdame, Valentina

Qué vamos a hacer con tantos
y tantos predicadores,
unos se valen de libros,
otros de bellas razones,
algunos de cuentos raros,
milagros y apariciones,
los otros de la presencia
de esqueletos y escorpiones,
mamita mía.

Qué vamos a hacer con tanta
plegaria sobre nosotros,
hablando en todas las lenguas
de floria y esto y lo otro,
de infiernos y paraísos,
de limbos y purgatorios,
edenes y vida eterna,
arcángeles y demonios,
mamita mía.

Que sí, que adoren la imagen
de la señora María,
que no se adore ninguna
señora ni señorita;
que sí, que no, que mañana,
que un viernes de amanecida
que por entrar en la gloria
dinero se necesita,
mamita mía.

Se ve que no son muy limpios
los trigos de esta viña
y la maleza pretende
comerse toda la espiga,
poco le dice la forma
con que ha de clavar su espina,
para chupar el más débil,
que diabla la sabandija,
mamita mía.

Qué vamos a hacer con tanto
tratado del alto cielo,
ayúdame Valentina,
ya que tu volaste lejos,
decir de una vez por todas
que arriba no hay tal mansión,
pero mañana la funda
el hombre con su razón,
mamita mía.

Qué vamos a hacer con tantos
embajadores de dioses,
me salen a cada paso
con sus colmillos feroces,
apúrate Valentina,
que aumentarán los pastores,
porque ven que se derrumba
el cuento de los sermones
mamita mía.

Qué vamos a hacer con tanta
mentira desparramada,
Valentina, Valentina,
pasemos la escobillada,
señores, debajo tierra
la muerte queda sellada
y todo el cuerpo en la tierra
el tiempo lo vuelve nada,
mamita mía.

de Violeta Parra,
en Todo Violeta Parra - Antología presentada por Alfonso Alcalde, Alfonso Alcalde, 1974. 

lunes, 1 de septiembre de 2025

Apollinaire canta una canción de fiebre

Apollinaire canta una canción de fiebre

Lou pasa entre la fiesta de las balas de octubre
y es sólo una coraza de amor lo que la cubre.

No morirás, Lou mía, no acabará tu espera
en el regazo rojo de esta roja trinchera.

Es sólo mi memoria lo que así te convida
a negar estas sombras con tu risa y tu vida.

Lo que hace que en las recias barricadas te vea,
donde la guerra insomne mata y relampaguea.

Lou, gacela. Lou, rosa. La noche de oro empieza.
Lou, tormenta. Lou, espada. Y al volver la cabeza,

la sombra despoblada
se hace carne y me besa.

Perdona al insensato, que no calla
su atroz fascinación por la batalla,

su desdén por las alas,
su admiración de nórdico por la luz de las balas,

y ven así, intangible, serena, dulcemente,
antes de que me besen las brasas en la frente.

de William Ospina,
en Una sonrisa en la oscuridad, Universidad Externado de Colombia, 2007.

sábado, 26 de julio de 2025

EVITA

EVITA

Señor, ¿por qué me dejaron sola,
desterrada en carne viva del amor?
¿Quién veló el cielo de mi cuerpo,
esta belleza rota que todos miran?

Ay, mi pueblo, ángel bienhadado.
Voz errátil, lágrima que no cesa.
Diadema venerable en la bruma.
Aguamiel de la rústica utopía.

Señor, ¿cuándo despenaron la noche?
¿Para qué gasas, talismanes, espejos,
el punzante ardor de quien urdió mi
hora?

Señor, ¿por qué en ti estoy más sola?
Déjame el último resuello de sueño.
Quiero alzar este escuálido cuerpo,
suplir mi lecho de madre moribunda.

Ay, mi pueblo. Ansia y muro.
Tibia sangre de la memoria encinta.
Hoguera de corazones al desamparo.
Indulgente luz que aún me contempla.

de César Bisso,
en Antología Poética - Cuadernos del Ateneo, S/F.

domingo, 29 de junio de 2025

A Blas de Otero

A Blas de Otero

Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.

Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.

Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.

Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.

Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.

Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
Soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.

Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.

¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.

Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.

Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.

Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.

A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.

Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.

Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: «Ese es otro, un misterio.»

Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: «Yo, tú, él, hoy, mañana»,
en esto que separa y es dolor sin remedio.

Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta -lo que es siempre asombroso-,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras -era un milagro-: Dios al fin escuchaba.

Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
Las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice «sí», dije Dios sin pensarlo.

Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.

Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.

de Gabriel Celaya,
en http://amediavoz.com/celaya.htm#A%20BLAS%20DE%20OTERO (13/12/24).

lunes, 26 de mayo de 2025

Hace falta un guerrillero (canción)

Hace falta un guerrillero

Quisiera tener un hijo
brillante como un clavel,
ligero como los vientos,
para llamarlo Manuel,
y apellidarlo Rodríguez
el más preciado laurel.

De niño le enseñaría
lo que se tiene que hacer
cuando nos venden la Patria
como si fuera alfiler;
quiero un hijo guerrillero
que la sepa defender.

La patria ya tiene al cuello
la soga de Lucifer,
no hay alma que la defienda,
ni obrero ni montañés,
soldados hay por montones,
ninguno como Manuel.

Levántese de la tumba
Hermano que hay que luchar
O la de no su bandera
Se la van a tramitar
Que en estos ocho millones
No hay un pan que rebanar
que en estos cuatro millones
no hay un pan que rebanar.

Las lágrimas se me caen
pensando en el guerrillero,
como fue Manuel Rodríguez
debieran haber quinientos,
pero no hay uno que valga
la pena en este momento.

Repito y vuelvo a decir,
varillita de romero,
perros cobardes mataron
a traición al guerrillero,
pero no podrán matarlo
jamás en mi pensamiento.

de Violeta Parra,
en Todo Violeta Parra - Antología presentada por Alfonso Alcalde, Alfonso Alcalde, 1974. 

jueves, 17 de abril de 2025

SOÑAR Y HACER

SOÑAR Y HACER

Hoy los Quijotes quieren gobernar - ¡mal andamos! –
Y sobre los proyectos hoy cabalgan los Sanchos;
Preciso es que las cosas cambien ya para siempre:
Que sueñen los Quijotes y los Sanchos gobiernen.

de Álvaro Yunque,
en Poemas para encontrar a Cervantes, Papeles de Bs. As., 1975.
http://www.alvaroyunque.com.ar/ (7/5/20).

domingo, 30 de marzo de 2025

PERO UN DÍA...

PERO UN DÍA...

...Viendo lo cual Sancho Panza se puso en pie y, arremetiendo a su amo, se abrazó con él a brazo partido y, echándole una zancadilla, dio con él en el suelo...
Capítulo IX – 2ª. Parte

Pero un día, pero un menguado día,
¿Menguado o victorioso?,
No te sirvió tu lanza,
Caballero,
Porque ese día, Panza,
Poderoso,
Ya olvidado de que era un escudero,
Despierto su Hombre por la rebeldía,
Te hizo comprender en ese día,
Símbolo de esperanza,
Cuánto pueden los puños de los Panza.

de Álvaro Yunque,
en Poemas para encontrar a Cervantes, Papeles de Bs. As., 1975.
http://www.alvaroyunque.com.ar/ (7/5/20).

domingo, 16 de marzo de 2025

HISTORIA Y REALIDAD

HISTORIA Y REALIDAD

Bucéfalo, el corcel del Macedonio,
Se halló con Rocinante, el de Quijote, 
Y a discutir se dieron, alterados,
Sobre a quién admiraban más los hombres.
Se halló el Rucio de Sancho con Platero
Se miraron tal solo y, como siempre,
El uno junto al otro, camaradas,
A pastar se pusieron, cuerdamente.

de Álvaro Yunque,
en Poemas para encontrar a Cervantes, Papeles de Bs. As., 1975.
http://www.alvaroyunque.com.ar/ (7/5/20).

jueves, 27 de febrero de 2025

Clasificados

Clasificados

compramos escombros
retiramos a domicilio
pagamos por peso
netanyahu y asociados

Por Félix Sánchez Durán.

miércoles, 26 de febrero de 2025

HOMILIA A SANCHO

HOMILIA A SANCHO

¡Ah, Sancho cuerdo, Sancho inteligente!
¿Cuándo recobrarás tus fueros de hombre,
Cuándo, oyendo tu voz, la tuya, Sancho,
Dejarás de ir en pos de los Quijotes?

de Álvaro Yunque,
en Poemas para encontrar a Cervantes, Papeles de Bs. As., 1975.
http://www.alvaroyunque.com.ar/ (7/5/20).

sábado, 1 de febrero de 2025

ABEL LEVÁNTATE


de Hilde Domin,
en Canciones para dar aliento (Trad. Geraldine Gutiérrez Wienken), Editorial Llantén, 2018.

jueves, 2 de enero de 2025

En los árboles quedan pocas hojas...

A Arturo Rivera

En los árboles quedan pocas hojas. Me aferro a tu mano,
lo único tibio en el paisaje.
El estallido ha dejado sus evidencias en la ciudad.
Fotografías a los monstros aferrados a los troncos
y los mensajes de resistencia que resucitan los muros,
hablas un rato con los muros y con toda la naturaleza muerta,
y me traduces;
caminamos juntos por la ruta de los caídos.

Dentro de la guerra está mi guerra,
te has esforzado tanto por hacerme feliz,
ya, ni la profesión ni la brujería anhelada
alivian mis ataques de pánico.
                                 Está tu amor.
Está bien que salgamos a tomar aire fuera de mi cabeza
(el río crece y quiere desbordarse…).
                                 Intentas traerme el sol,
¿y yo que te ofrezco?
Te prometo que mañana hará un mejor tiempo para los dos.

de Luisa Villa,
en https://www.laraizinvertida.com/detalle-3108-luisa-villa-premio-internacional-de-poesia-gabriel-celaya-?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR1j2upm8KKVK0jHfT63-z6ja7DzOrVrDvk5y_ubks7xEhRF75oB2CCD_AQ_aem_0kcJzPZZRcOJv1QFkGsFpg (21/7/24).

miércoles, 20 de noviembre de 2024

EL TRAIDOR FRANCO

EL TRAIDOR FRANCO

¡Traidor Franco, traidor Franco,
tu hora será sonada!
Si tu nombre fuera franco,
se te saldría a la cara,
encendiéndola de sangre,
si tu sangre fuera franca.

Tu nombre fuera vergüenza
si a tu rostro se asomara,
proclamando por la sangre
la traición que la engendraba:
que la sangre has traicionado
desmintiéndola de clara.

¡Traidor Franco, traidor Franco,
tu hora será sonada!
Como una máscara el pueblo
te tira el nombre a la cara,
descubriendo la traición
que en tu nombre se amparaba.

Traicionándote de franco
traidor a tu misma causa,
fuiste dos veces traidor:
a tu sangre y a tu patria,
que a España no se defiende
con la traición emboscada,
asesinando a su pueblo,
que es el alma de su alma.

¡Traidor Franco, traidor Franco,
tu hora será sonada!
Tu nombre es como bandera
que tu deshonra proclama.
Si la traición criminal
en ti franqueza se llama,
tu nombre es hoy la vergüenza
mayor que ha tenido España.

Que ni tu nombre es ya nombre,
ni en tu sangre se espejaba;
traidor, hijo de traidores,
malnacido de tu casta:
no eres franco, no eres nombre,
no eres hombre, no eres nada.

(Romancero de la Guerra Civil Española)

de José Bergamín,
en Poesía como un arma (Mariano Garrido Selección), Ocean Sur, 2008.

sábado, 28 de septiembre de 2024

A Víctor Jara II

A Víctor Jara II

De tus manos,
Víctor Jara,
brota la música
cuando alguien
acaricia las cuerdas
de una guitarra.
De tus manos,
Víctor Jara,
brota la música.
¿Te das cuenta de la magia de tus manos?

de Celina Amalia Galeano,
en Los versos salvados, Concejo Deliberante de General Pico/EdUNLPam, 2022.

lunes, 16 de septiembre de 2024

A Víctor Jara

A Víctor Jara

Estabas de pie, como siempre.
El público esperaba el canto
y, vos, hermano, esperabas
que las manos desatadas
pulsaran nueva guitarra.
Sí, poeta de las manos desatadas.
La inocencia de tus ojos
la inclemencia contemplaba.
Brilló en tus manos la guitarra
a golpe seco de hacha
y las notas que surgieron
salpicaron la muralla
¡Canta, cantor!
te rugieron
¡Toca, cantor!
se burlaron
Canta, cantor, si podés
con las manos mutiladas
y…

Tu voz rompió el silencio,
el público te puso alas
y su canto, con tu canto,
ascendieron como bandadas de palomas.
Yo no fui a Letras,
pero aprendí los verbos,
sujeto y predicado,
imágenes sensoriales y metáforas.
El arte lo aprendí en la calle,
me lo enseñó el pueblo.

Abriendo los brazos
entregaste tu vida.
Los clavos te clavaron,
en el vaticano,
para seguir
burlándose de vos.
Pero los pobres
calzaron tus sandalias
para que no olvidemos
tu gesto.

La católica
edita libros sobre la pobreza
de miedo a tener que dar
lo que le sobra.

La tristeza tiene un lenguaje:
la esquina del almacén
y el cartel de cerrado los domingos.
La primavera que comienza,
desde las ausencias
o desde la esquina,
que puso límite al recuerdo,
puede ser que
todos los barrios de Buenos Aires
comiencen y terminen
en una esquina de almacén.
De pronto,
mi memoria
se puso el cartel
de cerrado los domingos.

de Celina Amalia Galeano,
en Los versos salvados, Concejo Deliberante de General Pico/EdUNLPam, 2022.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

MAESTRO

MAESTRO

El mundo nos corrige y nos ensucia.

de Álvaro Yunque,
en Ondulante y Diverso, Tallón, 1967.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Palabras para El Hadi

Palabras para El Hadi

Es quince de septiembre
y seguimos muriendo.

Quiero decir

(tal vez
alguien atiende mis palabras)

que nos siguen matando.
Ya treinta y cuatro hemos caído
en este duro año del noventa
y siete,

fructuoso
                                            campo de batalla,

según los últimos ajustes
que nos han asestado en el libre
mercado del trabajo.

Hemos sido hechos trizas
por reglas que suponen
ganancia para quien nos ejecuta,

más muertes para nuestra
memoria desangrada.

                                            Treinta

y cuatro obreros hemos
muerto a la fuerza aquí en Madrid.

Cuando con nuestras manos
edificábamos viviendas
que no
iban a ser para nosotros.

El Hadi
El Háder

se llamaba este cuerpo
que aquí enterramos.

Había conseguido abandonar
el hambre de Marruecos
sin perecer en esa empresa.

Murió de golpe.

                                                Contra el sueño.

Su cabeza vencida
                                                entre las piernas.

Me parece que nunca
llegó a sospechar quiénes
habrían de matarlo.

No sé de sus latidos
sino un recuerdo que me invento
para que no se nos olvide.

Acaso
alguien lo llora desde alguna
habitación sin esperanza.

De Salustiano Martín González,
en Pasa la voz, hermano, Bartleby Editores, 2000.

sábado, 31 de agosto de 2024

Parte de bajas

Parte de bajas

Anoten esta cifra:
                                once.

Recuérdenla hasta el próximo
parte de bajas de la guerra.

Son esos
los mineros que han caído
aquí en León en los primeros
ocho meses del año.

Antonio
Maria
Carvalho

se llamaba el undécimo.

Nadie sabe si el luto encenderá
su oscuro sufrimiento
en el país que abandonó
en mala hora.

De Salustiano Martín González,
en Pasa la voz, hermano, Bartleby Editores, 2000.