Era una escuadra desperdigada
Nadie quería cruzar aquel campo quemado.
(Las cenizas plateadas y algún destello rojo
de las últimas brasas).
Te tiraste de primero y tu cuerpo se miraba oscuro
contra lo blanco.
Escondidos en el monte los demás esperábamos verte
alcanzar la orilla
para irnos cruzando.
Como en cámara lenta lo recuerdo:
el terreno inclinado, resbaloso, caliente
la mano agarrada al fusil
el olor a quemado.
El ruido de las hélices
de vez en cuando, ráfagas.
Tus botas se enterraban en lo blando
y levantabas un vaho blanquecino
a cada paso.
(Debe haber sido un tiempo
que se nos hizo largo)
Todos los compañeros, Dionisio, te mirábamos
nuestros pechos latiendo inútilmente
bajo la luna llena.
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.90, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2014.