ORACIÓN
SEÑOR de los milagros y la altura,
bondadoso Señor del cielo claro,
la voz ardiente de mi desamparo
alzo hacia Ti, como una flor madura.
Escúchala, Señor, Su tono triste,
su lamento deshecho y su ternura
tienen raíz de tiempo y amargura,
tienen la vibración de lo que existe.
No te pido por mí. Pido por ella,
por su risa volando de paloma,
por sus ojos ardidos, donde asoma
la penúltima gracia de la estrella.
Tú la has visto, Señor, cada mañana
armar su guerra contra el desconsuelo,
recoger todo el llanto en su pañuelo
y convertirlo en vuelo de campana.
La has visto atravesar el barro frío,
lastimarse las manos y la vida
limpiando una tristeza o una herida,
madurando la dicha con su estío.
Su caridad, Señor, es como el viento
desparramado sobre el ancho mundo.
Su caridad, señor, es un profundo
canto de amor y de resurgimiento.
Recuérdale, Señor, fuerte y erguida
en el amanecer de su hermosura
quemando su latido y su ternura
como una antorcha viva y encendida,
y recuerda también su rebeldía
cuando la patria estaba encadenada.
Ella misma empujó la madrugada
para que la tiniebla fuese día.
Es por eso, Señor, que esta plegaria
junto a tu misma Luz, clama y destella.
no te pido por mí, pido por ella,
flor prodigiosa y revolucionaria.
Devuélvele, Señor, su fuerza entera,
tú, que eres la bondad y eres el dueño.
devuélvele, Señor, su limpio sueño
y su risa trigal y volandera.
La patria entera vibra en mi plegaria.
toda la patria vive en su latido.
la patria entera duele en su gemido,
porque es nuestra, Señor y necesaria.
de José María Fernández Unsaín,
en Poesía en la Revista Mundo Peronista Primera Parte (Darío Pulfer), FICHA PERONLIBROS www.peronlibros.com.ar, Julio, 2020.
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