alzando entre los ángeles su altura.
que es jugo en la raíz, penumbra y faro.
levanto la palabra maravilla.
por el que bautizamos la rosa.
Cuando la risa por su voz asoma
venida de los cielos más lejanos
es como si aleteara entre sus manos,
prisionera y alegre, una paloma.
Y si suelta su voz como campana,
ardiendo su fervor, ajena al llanto,
es como si escucháramos un canto
en el aire frutal de la mañana.
Ahí está manteniendo su penuria,
su dura lucha sobre la ancha tierra,
porque la patria es su primera guerra,
la patria es su ternura y es su furia.
Por eso la queremos. A su sombra
esta limpia Argentina va creciendo
y de sus cuatro rumbos resurgiendo
el clamor que la exalta y que la nombra.
Nosotros, los muchachos, la queremos.
nos dio la fe, nos adornó el paisaje,
nos encendió la sangre de coraje.
Nosotros, los muchachos, la queremos.
Quererla es creer en Dios y amar los vastos
cielos y sus estrellas musicales;
en Dios, que está en las viejas catedrales
y en la graciosa curva de los pastos.
Y nos basta mirarla. Todo en ella
es un canto a la patria preferida.
Está tan linda, pálida y erguida
1ue se enciende la fe como una estrella.
Y si alguna ansiedad nos desazona
nos basta su recuerdo, su mirada,
para llenar de sangre renovada
el corazón que se descorazona.
Del Norte al Sur, del Este hacia el Oeste,
proclamo esta verdad a mis hermanos:
EVA PERON nos puso entre las manos
una Patria más blanca y más celeste.