Alma
El hombre no es de barro, pero el alma,
su alma, sabe a barro.
Si uno la mira le quedan las pupilas
oliendo como a pozo.
Su alma sí es de barro, de mal barro,
de barro rencoroso.
Lo digo esta mañana y lo diré los jueves
aunque me encuentre solo.
El hombre es de carne, pero el alma,
su alma, es barro amargo.
Si no fuera de barro sería buena,
lo mismo que un durazno.
Si no fuera de barro andaría siempre
en la boca de todos.
Pero su alma es de barro y está sola
como un montón de escombros.
Digo esto esta mañana y lo diré de noche
aunque me sienta amado.
El hombre es de carne, pero el alma,
su alma, es de mal barro.
Casi ni el que la lleva la soporta:
le pesa como un potro,
le engaña la mirada y los oídos
y lo hace un animal arisco y solo.
de Jorge Debravo,
en Nosotros los hombres, Editorial Costa Rica, 2013.