La misa buena
Vamos a celebrar
la misa del amor esta mañana.
Haremos una hostia
con masa de maíz, harina y esperanza.
En un filo de roca,
sobre el vientre de un cerro,
consagraremos la hostia de la vida
y el vino del derecho.
(Los que no vengan,
los enemigos,
rodarán solos
a malos ríos).
Ninguno de nosotros
rezará arrodillado:
rezaremos de pie, listos para la vida,
con los ojos volando.
(La rodilla se dobla
cuando las manos
están apabulladas
de fracaso).
De noche llegaremos a nuestro altar, unidos,
mezclados en abrazo,
rezando la oración de la alegría,
el beso de los libres en los labios.
(Cuando se abraza
diciendo hermano,
los que no abracen
quedarán mancos).
Todos seremos sacerdotes, todos.
Los altos y los bajos.
Y todos comeremos la hostia del amor
como animales cálidos.
Invitaremos a la misa a todos:
niños, ancianos, presos,
pilotos y mecánicos,
arzobispos y obreros...
(Cuando se reza
de pie y cantando
los de rodillas
son los paganos).
de Jorge Debravo,
en Nosotros los hombres, Editorial Costa Rica, 2013.
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