Me habitas
Tu fantasma crece de noche, neblinoso y azul
sobre mis sueños.
Llega con su bandera de reclamos
y me viste de vos con tus manos de campesina
en la amarga vigilia de continuar pronunciándote.
Me miras y ya no puedo dejar de mirarme
en tu espejo de agua
donde me entregas a la última sed.
Tu pie ha dejado su huella
de la multiplicación de los panes
en esta patria que también es tuya.
Me despierto entre tabacales maduros
y quedo abierta, como vos
hecha de tierra secándose al sol.
No te mataron la sonrisa
yo la tengo guardada en las cuencas vacías
de una pálida muñeca que continúa esparándote.
de Elena Cabrejas,
en Algo habrán hecho (Monjas francesas desaparecidas), Ediciones la Flor, 2000.
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