El árbol del manicomio
Tocó en todas las puertas y ninguna se abrió,
se asomó a todas las ventanas y todas se cerraron,
era una manera de decirle:
tal vez hay más puerta y ventanas
que las que has soñado.
Apeló a las instancias más altas
y se humilló ante bajos personajes,
hizo de payaso en las calles,
las gentes se burlaron de él
y lo encerraron en un manicomio
donde entre más pregonaba su cordura
más honda su locura y sin remedio la creían.
Así que en las horas que pasaba en el patio
aprendió a convertirse en un árbol,
y el viento entonces, al mover sus hojas
dejaba oir su subyugante canto
y música hacía al mecer sus ramas.
de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.
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