Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a lxs lectorxs/militantes a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autorxs para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.

viernes, 24 de enero de 2014

Madrigal a las muchachas españolas del Frente Popular

Madrigal a las muchachas españolas del Frente Popular

Soledad, Mercedes, Pura,
Luz, Pilar y Generosa;
Consuelo, Dolores, Paca,
Esperanza o Salvadora;
cuerpos como de vihuela,
almas tiernas como coplas,
que a los toros ibais antes,
bizarras y donairosas;
hoy marcháis fusil al hombro,
y más que nunca, garbosas,
sonrientes a la lucha
y cantando a la victoria,
a la victoria o la muerte
va la incontenible ola...

De juventud y entusiasmo
sois una ofrenda, oh, indómitas,
que dais coraje a los hombres,
¡y hombres de estirpe española!
Belén, María del Carmen,
Remedios, Amparo o Lola;
sois filo y brillo de aceros,
balas de ametralladoras,
convertís en más pujantes,
Trinidad, Angustias, Concha,
Nieves, Isidra o Estrella,
A milicianos y a tropas,
Pues, rugís en los cañones,
Sois en los fusiles pólvora...

¡Por la libertad, la vida!:
Lo gritáis con frescas bocas
y con manos incansables ,
manos de hermanas y novias,
defendéis, cabe la angustia,
la libertad que es la honra,
que la libertad se gana,
la libertad no se implora,
bien lo sabéis, combatientes
estudiantes y obradoras
que a la pelea, cantando,
corréis, muchachas heroicas...
¡Si el mismo amor os llamara
no iríais tan presurosas!
¿Cómo no echaros, rendido,
este manojo de loas?
¡Vaya el madrigal caliente,
caliente de flores rojas,
Soledad, Consuelo, Pura,
Esperanza o Salvadora,
Concepción, Amparo, Nieves,
Luz, Estrella o Generosa...

De Álvaro Yunque,
en España 1936, Grabo, 1936.
http://www.alvaroyunque.com.ar/alvaro-yunque-espana-1936.html

martes, 21 de enero de 2014

Ronda

Ronda

Hombre esencial el hombre
que a los Otros les diga:
dadme todas las manos,
la ronda es infinita,
necesito de todos,
todos me necesitan.

De Álvaro Yunque,
en Hombre Esencial, 1947 (inédito).
http://www.alvaroyunque.com.ar/pdf/hombre_esencial.pdf

Juego

Juego

Frágil hombre, vivir es proyectar.
Si poseer pretendes tus proyectos
Hombre, te juegas la felicidad.

De Álvaro Yunque,
en Hombre Esencial, 1947 (inédito).
http://www.alvaroyunque.com.ar/pdf/hombre_esencial.pdf



Rutina

Rutina

El hombre que obedece a la rutina
Deja de ser libre.
Es una máquina y, como toda máquina
Se oxida.

De Álvaro Yunque,
en Hombre Esencial, 1947 (inédito).
http://www.alvaroyunque.com.ar/pdf/hombre_esencial.pdf

martes, 14 de enero de 2014

Oda heroica a las Mirabal

Oda heroica a las Mirabal

No hubo blancura igual a su blancura.
Nardo, azucena, lirio... magnolia de su carne.
Carne hecha para el beso, fue pasto de las balas.
Las Mirabal cayeron bajo el plomo cobarde.

No hubo dulzura igual a su dulzura.
Los ríos se crecieron para llorar por ellas.
Palomas con el pecho florecido en claveles.
Las Mirabal cayeron de cara a las estrellas.

Ayudadme a subirlas al pedestal  de piedra
donde graba la historia los nombres de sus mártires.
Ayudadme a decir qué cosa grande hicieron
estas mujeres-cíclopes, estas mujeres-ángeles.

Allí donde más hondo fue el dolor de los hombres
y más honda la herida sangrante de la tierra,
donde fue más profundo el surco de las lágrimas
y más amargo el llanto... allí subieron ellas.

Allí donde más lejos llegó la valentía
y apuró el sacrificio su retama postrera,
allí donde más lejos plantara el heroísmo
su bandera de sangre... allí llegaron ellas.

El ojo de la bestia le siguió la pisada.
Ojo y plomo a la espalda, como hacen los cobardes.
La tierra abrió los brazos para ceñir sus cuerpos.
Las Mirabal cayeron, taladas como árboles.

Las manos del verdugo deshojaron los nardos,
cortaron, como tallos, sus lenguas silenciadas.
Las estrellas besaron su carne por vez última.
Las Mirabal cayeron con el plomo en la espalda.

Mas ya el nardo no es nardo, pues se ha vuelto piedra.
Piedra el enhiesto puño. Piedra la frente alta.
Piedra el pecho y los ojos y la boca sin lengua.
Las Mirabal cayeron para alzarse en estatuas...

Y sus bocas, sin lengua, han de seguir hablando
y sus tres corazones palpitando en la piedra.
Perennemente vivas en el alma del pueblo.
Las Mirabal cayeron para volverse eternas.

De Carmen Natalia Martínez
en Antología Histórica de la Poesía Dominicana del Siglo XX (1912-1995) (Franklin Gutiérrez Comp.),
Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998.

lunes, 13 de enero de 2014

Tratado sobre los ideales (en verso)

Tratado sobre los ideales (en verso)

Me pregunto continuamente
De dónde surgen los ideales:
Los míos, los tuyos, los de clase,
Los de todos los hombres.

Observo los grandes acontecimientos,
Los hechos que marcan el comienzo,
El final, que tuercen el rumbo
De la historia social y política del mundo

Y no puedo dejar de notar que,
La mayoría de las veces,
Son invenciones surgidas
De los pies de sus protagonistas.

Son fruto de la oportunidad de unos,
Del aquí y ahora que se contagia
Y convence a la mayoría no conversa
Que ‘así estará mejor, que así debe ser’.

Los ideales son difíciles de reconocer.
Hay muchos idealoides, retóricas
Que se saben disfrazar, que nos convencen
De que siempre estuvieron allí.

Así, los idealoides surgen de los pies,
Del momento en que se está.
Oportunismos se los puede llamar,
Aunque no responden a ese nombre.

“Piquete y cacerola, la lucha
Es una sola”, oí cantar con fervor
Pero la cacerola pronto se olvidó
Del piquete, y lo cuestionó.

Oí levantar consignas a favor
De jubilados y niños hambrientos,
Mucho tiempo olvidados,
Y vueltos a olvidar por mucho tiempo.

Oí levantar diversas demandas
Que ocultaban premisas egoístas,
Que una vez que fueron saciadas,
Que el mundo pintaron

Del color de sus casas,
Fueron rápidamente olvidadas
Con la celeridad que reclama
Volver pronto a la rutina.

¿Cuántas veces te has preguntado
Si tus ideales surgieron de tu corazón,
Acompañados, tal vez, de la razón,
Y no sólo de tus pies?

¿Cuántas veces te encontraste
Apoyando una proclama
Que perjudicase directamente a tu bolsillo,
Pero que te encendiese el alma?

Pregúntate una y mil veces
De dónde vienen tus ideales,
Tus reclamos adyacentes,
Y sabrás de qué estás hecho.

Podrás no saber si todos
Tus ideales son de acero,
Pero sabrás si un ideal es real
Cuando te arriesgue el cuero

Y te apunte a la sien directo,
Cuando corte de cuajo
Tu bolsillo más rechoncho
Y valga con la muerte el precio.

Los ideales alimentan
Solamente al alma;
El cuerpo es lo que uno
Da a cambio.

Por Félix Sánchez Durán

jueves, 2 de enero de 2014

Niños: Corea 1952

Niños: Corea 1952

Esto que tengo de niño fundamental
se me rebela, quiere
llorar en los rincones, desgarrarse
la frente, la mejilla,
olvidar el cuaderno donde dice
mamá con letras tiernas
y hay una dulce vaca de tres patas.

Hermanitos, ¡qué nuca perseguida
la vuestra y cómo duele
aprender a contar por bombarderos
y el cielo de pizarra!
¡Cómo duele, hermanitos,
saberse de memoria la h de hambre
y saberse la muerte de memoria
y saberse a los yanquis de odio puro,
cómo duele, hermanitos!

Pienso que te andan castigando el pájaro
en los ojos, machacándote
el hueso
y me dan ganas
urgentemente de cuidarte todo!
defenderse en el aire que te toca!

(No te duermas, niño.
No te duermas, sol.
Que en los arrozales
mata el invasor.
No te duermas, niño.
Todavía no...)

Que no y no duermas, párate, hermanito,
consérvate en tu metro,
yo sé-
esto que tengo de niño fundamental
me anda diciendo-
que estás así,
en tu leche confirmado,
peleando con los dedos,
continuando tu estirpe
¡y fuera el yanqui!
¡PAZ!
¡Paz para tu cuaderno!

¡Porque puedas y digas
mamá con letras tiernas
bajo una dulce vaca de tres patas!

Un niño es de carne, hueso, pelo enrulado o no y muchas preguntas.

Pero sobre todo tiene una sustancia, un soplo, material, espiritual,
químico, físico o yo qué sé que despierta poderosamente la ternura.

Se preocupa mucho por las cosas más pequeñas. Canta y ríe
fácilmente. Y no le importa ensuciarse las rodillas.

Mírenlo desde aquí: (con amargura) - Yo fui como él.

Mírenlo desde allí: (con alegría) - ¡Él no será como yo!

¡Defiéndanlo!

De Juen Gelman
en Violín y Otras Cuestiones, Editorial Planeta-Seix Barral, 2006. 

jueves, 19 de diciembre de 2013

Pausa

Pausa

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.

De Mario Benedetti,
en Poemas de Otros, Editorial Alfa Argentina, 1974.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Los traidores

Los traidores

De los estrechos muros de mi mente
Surge el grito dolido.
Mis valores dicen ¡no te rindas!,
Mis derrotas dicen ¡al abismo!

Mientras más avanzo,
Más me quedo en el llanto
De ver a mis enemigos lejos
Y a los traidores, cerca.

Luchar a su lado no tiene sentido.
Por cada victoria, cien fracasos.
Miro detrás y queda poco
Por lo que seguir luchando.

Prefiero al adversario eterno,
Sincero contendiente,
Que al compañero espurio
De dudosa simiente.

Guardémonos el derecho
De aceptar en nuestra mesa
Al de ideales firmes
Y dejemos fuera de ella

Al que, como la veleta,
Señala a un lado
Y después, cuando el viento
Sopla, se da vuelta.

¡Trescientos espartanos
pudieron más
Que el ejército persa!

Por Félix Sánchez Durán


martes, 26 de noviembre de 2013

Un canto para Bolívar

Un canto para Bolívar

PADRE nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura,
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.

Tu pequeño cadáver de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma,
de pronto salen dedos tuyos entre la nieve
y el austral pescador saca a la luz de pronto
tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.

De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso.
Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.
Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo.

Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,
y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.
Y otra mano que tú no conociste entonces
viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:
de Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,
de la cárcel, del aire, de los muertos de España
llega esta mano roja que es hija de la tuya.

Capitán, combatiente, donde una boca
grita libertad, donde un oído escucha,
donde un soldado rojo rompe una frente parda,
donde un laurel de libres brota, donde una nueva
bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,
Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.
Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.
Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.
Los malvados atacan tu semilla de nuevo,
clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,
tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:
tu ejército defiende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
"Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".

De Pablo Neruda,
con motivo de un homenaje a Simón Bolivar, 1941.