Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a lxs lectorxs/militantes a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autorxs para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.
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sábado, 28 de marzo de 2026

A Miguel Hernández y su canto encadenado

A Miguel Hernández y su canto encadenado
(fragmento)

Picotazos de cuervos rondando tus carnes
hasta el último rincón del alma.
Y tu canto roto
como una vasija de sal.
Continúa cantando
desde cada uno de sus pedazos.
Porque el canto es más fuerte
que el dolor que sepulta a los muertos.
El silencio es un país hondo y espeso
donde se guarda el canto a madurar
donde se guarda la melodiosa furia
del alumbramiento del próximo día.
Abro los bosques de mi pelo
para atrapar tu memoria,
tu voz que me traspasa todavía
en la reencarnación del caos,
en los barrancos grises de la soledad
donde te han cruzado la piel a latigazos.
Tu voz sitiada en la celda del pecho,
panal que invadieron los ofidios
deidad que escribe con mil brazos
la historia del hombre.
La siento oscilar en mis pendientes
con sus negras piedras
como los pozos del olvido.
La escucho llegar en el agua del sueño
donde tus peces vuelven a seducirme
hasta vaciarme la sed.
La escucho con la unción
con que se escucha la profecía
que asciende en una catedral de sal.
Donde tu palabra me invade
con su obsesión de altar y quemadura.
En el lento ascenso
del subsuelo de la palabra
hay un hilo de luz que abre los cerrojos
de los gabinetes secretos.
Porque el poema escrito en la humedad
de las catacumbas echa raíces.
Tu canto que tiene caballos de fuego
tironea de la noche con el miedo adentro.
Y la piel cielo gris de tus ojos
pétalos de seda y musgo
despeñaderos de bruma
donde un guitarra clama
hechicera y carnívora.
Acechándome.
Imposible regresar desde el humo de tus ojos,
desde la asfixia
donde eres una barca de aliento y desolación
/ donde tu palabra comenzó a no ser
y el rocío no pudo salvarte del deseo.
¡Dios! La sirena de un barco sin timonel
viene a buscarte.
Y subes por las tinieblas del mundo
con tu destello vivo
de abrir hogueras en el alma.
Ritual de la luz
invadiendo las pieles de la noche
los túneles del cuerpo,
las raíces que crecen atándote los pies.
Cuerdas que tironean de la música
que cae sobre tu música
urdiendo melodías de soles
que surgen de tu hoguera
con sus agujas amarillas.
Uñas en las fisuras del corazón,
alacranes hurgando
en los páramos de la locura
en la feria de rostros
que no dejan de estallar en el acecho.
Suenan y resuenan tus versos en mi canto
cuando tu ausencia golpea
en sus concavidades
y otra poesía renace húmeda y sensual
para atraparme.
Ando desnuda y blanca
por las notas de tu voz,
huyendo hasta el fondo de tu herida
por donde vuelves a entrar.
Obstinadamente.
Y otra vez tus lágrimas de nieve
sobre el teclado rojo
de un piano con olor a madera
y desolación.
En el río del verso
recojo las piedras de tu canto.
Una a una queman mis manos
con el fulgor de tu vocación empecinada,
con la brasa del verbo
que brama en el pecho.
En el copón de tus manos
me das de beber pepitas de poesía.
En las puertas clausuradas
de tu exilio donde todas mis voces
continúan reclamándote.

de Elena Cabrejas,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.30, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

lunes, 16 de marzo de 2026

Leyendo a Vallejo

Leyendo a Vallejo

Es una voz que resuena
por encima de este barullo,
este tren que me lleva
no sé dónde,
la oigo resonar angustiada
dentro de mi cabeza,
hoy,
a tantos días de haber nacido,
la voz de un poeta muerto,
y se apagan las voces de los vivos
y los ruidos,
y él me habla de su pieza recóndita
con su silla, su mesa y su butaca,
y de aguacerso y del sol
y del hombre que lo vela,
y postula que es cálida la nieve
y fugaz la tortuga.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

martes, 10 de marzo de 2026

De regreso a México, D. F.

De regreso a México, D. F.

a Julio Valle-Castillo

Tu ciudad de diez años de estudiante
te traiciona.
Ya no te reconocés en ella, ya no te sirve
más que para la nostalgia.

Te das de frente con todos los muertos:
Herminio Ahumada, viejo combatiente del Vasconcelismo,
sandinismo encabronado
íntimo de Pellicer;
un poeta.

Irma Krautz, divorciada,
tan sufrida y tequilera,
eterna enamorada del poeta Cardenal.
- Una linda mujer como un ámbar con una hoja seca dentro -

Luis Rius nunca llegó al Festival de Poesía de Michoacán;
se lo llevó el cáncer sin el Nóbel, a los 53 años.

José Luis Benítez de tu misma edad,
murió de alcoholismo
al igual que don Ramón Martínez Ocaranza
(el Coronel Urtecho de Morelia).

Si no todos los muertos eran poetas,
eran como de la familia.

Sólo Ernesto Mejía-Sánchez, tu padre y maestro
(que reconoció bajo tus gafas las mancuernillas
de ámbar de don Laureano Castillo)
ha quedado como última y frágil evidencia del sueño.

de Daisy Zamora,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.90, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2014.

domingo, 22 de febrero de 2026

Homenaje a Machado

Homenaje a Machado
   

de Alfonso Sastre,
en Balada de Carabanchel y otros poemas celulares, Ruedo Ibérico, 1976. 

viernes, 20 de febrero de 2026

El filósofo

El filósofo

Está el filósofo en la foto
en blanco y negro
contra un fondo de árboles
con grandes flores blancas,
o bajo un cielo poblado
de enormes estrellas?

¿Y está él iluminado,
muy blanca su camisa
y su mata de pelo,
por el sol, o bajo la luz,
muy blanca, de la luna?

¿Y qué esta explicando
con esa mano fuerte, levantada?

¿Acaso que la realidad
tiene dos o más explicaciones
pero es una misma realidad?

Pues solo la foto, y él la explica
sin darse cuenta
—su trabajo es explicar
incansablemente
el ser y el mundo—
nos demuestra
que la luz de la luna
es la misma —reflejada—
luz del sol, que la ilumina.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

lunes, 9 de febrero de 2026

ENVIO

ENVIO

Dios nos lo deje para siempre si es que nos quiere dar un poco de grandeza
y nos lo cuide de los tibios y de los lobos que llevan puesta piel de oveja;
dios nos lo ampare, si es criollo, para que pueda hacer la patria a su manera
y guíe al pueblo que lo sigue, hacia la gloria silenciosa de su empresa,
para que todos nuestros hijos, dentro de un siglo, y junto al pie de la bandera
vean la patria justa y libre y soberana que con su esfuerzo nos entrega
y la Justicia de Perón resplandeciendo sobre las cosas y los hombres de la tierra.

de José María Castiñeira de Dios,
en Poetas depuestos / Antología de poetas peronistas de la primera hora, Editorial Punto de Encuentro, 2011.

lunes, 26 de enero de 2026

Un vagabundo

Un vagabundo

Esa noche pasé por su lado otra vez
y le oí decir que nada tenía
sino el duro asfalto.
Hablaba de sí mismo en tercera persona,
un largo recitado de amarguras,
ese guiñapo humano de piernas tumefactas
que dormía en la calle
a dos cuadras de mi casa,
y pintaba también a una sensual mujer
en eróticas escenas a la orilla del mar,
que parecía, como Venus, nacer de la espuma.
Eran dulces baladas de amor
cantadas por una momia chibcha,
bajo un letrero que decía
carnets de salud
con grandes letras rojas.
Y como un bisturí, el viento de Cruz Verde
se hundía en su cuerpo
y ahondaba la herida de la memoria.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Braian

Braian

Entre el mezquino
que siempre busca sacar ventaja,
y el que ya de bebé aprendió
a compartir la cuna,
yo me quedo con Braian.

Entre los nenes de mamá
que hablan de sacrificio
y en su vida sintieron
lo que es sentirte menos
que una mula,
yo me quedo con Braian.

Entre el que se cree
buena gente
gente como uno
gente bien
porque da en bolsas de consorcio
lo que le sobra,
y el que se saca
la única campera que tiene
para que no te enfermes con la lluvia,
yo me quedo con Braian.

Entre el que entrega su domingo
con responsabilidad y afecto
a la causa colectiva,
y el que pone excusas
para no perderse la siesta,
yo me quedo con Braian.

Entre los que viven de rentas
y los que salen
de sol a sol
a ganarse el pan
(sólo el pan,
no sea que se confundan
y pretendan más)
a cambio de sangre, sudor y lágrimas
Yo me quedo Braian.
Entre los que piden bala
pero nunca dieron
ni un año
ni un día
ni siquiera una hora
por el otro
y los que nadan día a día
sin saber
si alguna vez
van a conocer
alguna orilla,
yo me quedo con Braian
siempre.

Me quedo con el de abajo,
el humilde,
el laborioso,
el que sabe,
el que se rebusca,
el que se brinda,
el que pone en marcha el mundo
todos los días,
el malherido,
el que viste harapos
el descalzo
el perseguido
el bastardo
el que se parece más a Cristo
que a los escribas, los césares y los fariseos.

Entre los mezquinos
los oportunistas
los egoístas
los miserables
Y Braian,
Yo no tengo dudas.
La patria tampoco:
nos quedamos
hoy y cada día
hasta la Victoria
siempre
con Braian.

de Nina Ferrari,
en Sustancia, Editorial Sudestada, 2020.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Norman Bethune

Norman Bethune

El canadiense más humano de nuestro tiempo
fue a España cuando España le gritaba al mundo
"¡Venid a ver la sangre derramada!"
"My eyes are overflowing," dijo, "and clouded with blood.
No podía mirar
la sangre derramada que veía.
Pero la sangre de los muertos era
ya sangre muerta.

El canadiense más humano de nuestro tiempo
escribió treinta versos como treinta blasfemias
sobre la sangre derramada por los muertos.
Son versos antiaéreos, anticelestiales,
que acaso derribaron algunos aviones
o una escuadrilla entera de hipocresía alada.

El canadiense más humano de nuestro tiempo,
sin olvidar la sangre derramada,
pensó en la sangre que vivía y que luchaba.
Como también era poeta de otra forma,
cuando veía heridas como "terribles flores de carne,"
les rimaba los bordes con suturas
para que no siguiera derramándose sangre.

Pero, a veces, las flores se quedaban de pronto
marchitas por la sangre ya perdida.
Y la sangre de los muertos era
ya sangre muerta.

El canadiense más humano de nuestro tiempo
vio cómo los fusiles pasaban de las manos
de los muertos y heridos a los que no tenían
fusiles en las manos.
Pensó en la sangre, en toda la sangre del pueblo de España,
vio que era toda un mar, una gran red de ríos
que iban a dar a ríos que iban a dar al mar,
al rojo mar inmenso que estaba defendiendo
la vida.

El canadiense más humano de nuestro tiempo
subió a un camión pequeño y recorrió los frentes
con botellas de sangre. Habiendo descubierto
que las venas del hombre pueden dar en el hombre,
fundó el Canadian Blood Transfusión Service,
Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre.

De Jesús López Pacheco,
en Entre los poetas míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.23, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Ayúdame, Valentina (canción)

Ayúdame, Valentina

Qué vamos a hacer con tantos
y tantos predicadores,
unos se valen de libros,
otros de bellas razones,
algunos de cuentos raros,
milagros y apariciones,
los otros de la presencia
de esqueletos y escorpiones,
mamita mía.

Qué vamos a hacer con tanta
plegaria sobre nosotros,
hablando en todas las lenguas
de floria y esto y lo otro,
de infiernos y paraísos,
de limbos y purgatorios,
edenes y vida eterna,
arcángeles y demonios,
mamita mía.

Que sí, que adoren la imagen
de la señora María,
que no se adore ninguna
señora ni señorita;
que sí, que no, que mañana,
que un viernes de amanecida
que por entrar en la gloria
dinero se necesita,
mamita mía.

Se ve que no son muy limpios
los trigos de esta viña
y la maleza pretende
comerse toda la espiga,
poco le dice la forma
con que ha de clavar su espina,
para chupar el más débil,
que diabla la sabandija,
mamita mía.

Qué vamos a hacer con tanto
tratado del alto cielo,
ayúdame Valentina,
ya que tu volaste lejos,
decir de una vez por todas
que arriba no hay tal mansión,
pero mañana la funda
el hombre con su razón,
mamita mía.

Qué vamos a hacer con tantos
embajadores de dioses,
me salen a cada paso
con sus colmillos feroces,
apúrate Valentina,
que aumentarán los pastores,
porque ven que se derrumba
el cuento de los sermones
mamita mía.

Qué vamos a hacer con tanta
mentira desparramada,
Valentina, Valentina,
pasemos la escobillada,
señores, debajo tierra
la muerte queda sellada
y todo el cuerpo en la tierra
el tiempo lo vuelve nada,
mamita mía.

de Violeta Parra,
en Todo Violeta Parra - Antología presentada por Alfonso Alcalde, Alfonso Alcalde, 1974. 

lunes, 1 de septiembre de 2025

Apollinaire canta una canción de fiebre

Apollinaire canta una canción de fiebre

Lou pasa entre la fiesta de las balas de octubre
y es sólo una coraza de amor lo que la cubre.

No morirás, Lou mía, no acabará tu espera
en el regazo rojo de esta roja trinchera.

Es sólo mi memoria lo que así te convida
a negar estas sombras con tu risa y tu vida.

Lo que hace que en las recias barricadas te vea,
donde la guerra insomne mata y relampaguea.

Lou, gacela. Lou, rosa. La noche de oro empieza.
Lou, tormenta. Lou, espada. Y al volver la cabeza,

la sombra despoblada
se hace carne y me besa.

Perdona al insensato, que no calla
su atroz fascinación por la batalla,

su desdén por las alas,
su admiración de nórdico por la luz de las balas,

y ven así, intangible, serena, dulcemente,
antes de que me besen las brasas en la frente.

de William Ospina,
en Una sonrisa en la oscuridad, Universidad Externado de Colombia, 2007.

sábado, 26 de julio de 2025

EVITA

EVITA

Señor, ¿por qué me dejaron sola,
desterrada en carne viva del amor?
¿Quién veló el cielo de mi cuerpo,
esta belleza rota que todos miran?

Ay, mi pueblo, ángel bienhadado.
Voz errátil, lágrima que no cesa.
Diadema venerable en la bruma.
Aguamiel de la rústica utopía.

Señor, ¿cuándo despenaron la noche?
¿Para qué gasas, talismanes, espejos,
el punzante ardor de quien urdió mi
hora?

Señor, ¿por qué en ti estoy más sola?
Déjame el último resuello de sueño.
Quiero alzar este escuálido cuerpo,
suplir mi lecho de madre moribunda.

Ay, mi pueblo. Ansia y muro.
Tibia sangre de la memoria encinta.
Hoguera de corazones al desamparo.
Indulgente luz que aún me contempla.

de César Bisso,
en Antología Poética - Cuadernos del Ateneo, S/F.

domingo, 29 de junio de 2025

A Blas de Otero

A Blas de Otero

Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.

Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.

Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.

Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.

Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.

Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
Soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.

Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.

¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.

Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.

Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.

Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.

A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.

Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.

Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: «Ese es otro, un misterio.»

Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: «Yo, tú, él, hoy, mañana»,
en esto que separa y es dolor sin remedio.

Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta -lo que es siempre asombroso-,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras -era un milagro-: Dios al fin escuchaba.

Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
Las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice «sí», dije Dios sin pensarlo.

Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.

Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.

de Gabriel Celaya,
en http://amediavoz.com/celaya.htm#A%20BLAS%20DE%20OTERO (13/12/24).

lunes, 26 de mayo de 2025

Hace falta un guerrillero (canción)

Hace falta un guerrillero

Quisiera tener un hijo
brillante como un clavel,
ligero como los vientos,
para llamarlo Manuel,
y apellidarlo Rodríguez
el más preciado laurel.

De niño le enseñaría
lo que se tiene que hacer
cuando nos venden la Patria
como si fuera alfiler;
quiero un hijo guerrillero
que la sepa defender.

La patria ya tiene al cuello
la soga de Lucifer,
no hay alma que la defienda,
ni obrero ni montañés,
soldados hay por montones,
ninguno como Manuel.

Levántese de la tumba
Hermano que hay que luchar
O la de no su bandera
Se la van a tramitar
Que en estos ocho millones
No hay un pan que rebanar
que en estos cuatro millones
no hay un pan que rebanar.

Las lágrimas se me caen
pensando en el guerrillero,
como fue Manuel Rodríguez
debieran haber quinientos,
pero no hay uno que valga
la pena en este momento.

Repito y vuelvo a decir,
varillita de romero,
perros cobardes mataron
a traición al guerrillero,
pero no podrán matarlo
jamás en mi pensamiento.

de Violeta Parra,
en Todo Violeta Parra - Antología presentada por Alfonso Alcalde, Alfonso Alcalde, 1974. 

jueves, 17 de abril de 2025

SOÑAR Y HACER

SOÑAR Y HACER

Hoy los Quijotes quieren gobernar - ¡mal andamos! –
Y sobre los proyectos hoy cabalgan los Sanchos;
Preciso es que las cosas cambien ya para siempre:
Que sueñen los Quijotes y los Sanchos gobiernen.

de Álvaro Yunque,
en Poemas para encontrar a Cervantes, Papeles de Bs. As., 1975.
http://www.alvaroyunque.com.ar/ (7/5/20).

domingo, 30 de marzo de 2025

PERO UN DÍA...

PERO UN DÍA...

...Viendo lo cual Sancho Panza se puso en pie y, arremetiendo a su amo, se abrazó con él a brazo partido y, echándole una zancadilla, dio con él en el suelo...
Capítulo IX – 2ª. Parte

Pero un día, pero un menguado día,
¿Menguado o victorioso?,
No te sirvió tu lanza,
Caballero,
Porque ese día, Panza,
Poderoso,
Ya olvidado de que era un escudero,
Despierto su Hombre por la rebeldía,
Te hizo comprender en ese día,
Símbolo de esperanza,
Cuánto pueden los puños de los Panza.

de Álvaro Yunque,
en Poemas para encontrar a Cervantes, Papeles de Bs. As., 1975.
http://www.alvaroyunque.com.ar/ (7/5/20).

domingo, 16 de marzo de 2025

HISTORIA Y REALIDAD

HISTORIA Y REALIDAD

Bucéfalo, el corcel del Macedonio,
Se halló con Rocinante, el de Quijote, 
Y a discutir se dieron, alterados,
Sobre a quién admiraban más los hombres.
Se halló el Rucio de Sancho con Platero
Se miraron tal solo y, como siempre,
El uno junto al otro, camaradas,
A pastar se pusieron, cuerdamente.

de Álvaro Yunque,
en Poemas para encontrar a Cervantes, Papeles de Bs. As., 1975.
http://www.alvaroyunque.com.ar/ (7/5/20).

jueves, 27 de febrero de 2025

Clasificados

Clasificados

compramos escombros
retiramos a domicilio
pagamos por peso
netanyahu y asociados

Por Félix Sánchez Durán.

miércoles, 26 de febrero de 2025

HOMILIA A SANCHO

HOMILIA A SANCHO

¡Ah, Sancho cuerdo, Sancho inteligente!
¿Cuándo recobrarás tus fueros de hombre,
Cuándo, oyendo tu voz, la tuya, Sancho,
Dejarás de ir en pos de los Quijotes?

de Álvaro Yunque,
en Poemas para encontrar a Cervantes, Papeles de Bs. As., 1975.
http://www.alvaroyunque.com.ar/ (7/5/20).

sábado, 1 de febrero de 2025

ABEL LEVÁNTATE


de Hilde Domin,
en Canciones para dar aliento (Trad. Geraldine Gutiérrez Wienken), Editorial Llantén, 2018.