Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a lxs lectorxs/militantes a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autorxs para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

CREO EN LA VIOLENCIA...

CREO EN LA VIOLENCIA
que alcanzan dos cuerpos al acercarse
por necesidades distintas.
En el retiro de esos cuerpos
de circulación
cuando la guerra está en el clímax
de la diplomacia.

Esa clase de amor
donde uno se apodera del otro
con la excusa de la paz.
Y las viejas ideas
no dan su brazo a torcer.

Piedras que golpean otras piedras
río abajo.

de Ernesto González Barnert,
en Ningún hombre es una isla, Buenos Aires Poetry, 2019.

martes, 17 de noviembre de 2020

El bosque

El bosque

¿¡cuántas veces somos
nosotros mismos
el árbol que nos tapa el bosque!?

he soñado con filósofos
con quienes terminaba en el parque
mirando el cielo y las estrellas

he soñado con poetas
con quienes terminaba en bares
chupando mis penas
- y teniendo sexo con cualquiera -
la bohemia

he soñado con compañeros de militancia
con quienes terminaba a las trompadas
hechas
                           y derechas

Por Félix Sánchez Durán.

TODXS LAS PATAS ENFUENTADAS

 TODXS LAS PATAS ENFUENTADAS

Las patas en la fuente
Las patas en la alfombra
Las patas en el cielo
Las patas en el barro
Las patas en el sótano
Las patas en el sueño
Las patas en los choris
Las patas en las vísceras
Las patas en el tango
Las patas en el country
Las patas en el agua
Las patas en la fábrica
Las patas en el fuego
Las patas en las urnas
Las patas en el parquet
Las patas en la mierda
Las patas en el salón
Las patas en el trigo
Las patas en los traidores
Las patas en las masas
Las patas en los leales
Las patas en la izquierda
Las patas en el vino
Las patas en la derecha
Las patas en alpargatas
Las patas en los libros
Las patas en el hambre
Las patas en el cajón
Las patas en la verdad
Las patas en el clero
Las patas en la realidad
Las patas en la mentira
Las patas en el cadáver
Las patas en la memoria
Las patas en lo surreal
Las patas en la desmemoria
Las patas en la revolución
Las patas sobre el capital
Las patas en la Historia
Las patas de la Bonaerense
Las patas del pato
Las patas en los gorilas
Las patas con olor a patas
Las patas en la sopa
Las patas en la poesía

de Julián Axat,
en Poemas de la Resistencia, Poetas Peronistas/Clara Beter Ediciones, 2016.

El cumpleaños del mundo

El cumpleaños del mundo

En el cumpleaños del mundo
empiezo a considerar
lo que hice y lo que dejé
de hacer, pero este año
no hay tanta reconstrucción

de mi psiquis con daño
permanente, apuntalando amistades
erosionadas, desenterrando los
tocones de antiguos resentimientos
que se niegan a arraigar por su cuenta.

No, este año me quiero llamar
a mí misma y amonestarme por
lo que hice y por lo que no hice
por la paz. ¿Cuánto me atreví
a oponerme?

¿Cuánto puse
en juego por la libertad?
La mía y la de los otros.
Mientras a esas libertades las pelan,
pican y rebanan, ¿dónde

me pronuncié? ¿A quién
traté de movilizar? En
esta estación sagrada, me pongo de pie
para autocondenarme por mi pereza
en una época en la que las mentiras asfixian

la mente y la retórica
somete la razón al deslizarse
de sus boas constrictoras. Aquí
me paro ante las puertas
abiertas, ante el fuego que

me encandila, y mientras me aproximo
a lo que me juzga, me juzgo
yo. Denme las armas
de destrucción mínima. Dejen que
mis palabras se transformen en chispas.

de Marge Piercy,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.125, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2018.

nueva huida hacia adelante

nueva huida hacia adelante
(poemas de cansancio y disidencia)

adulto aún joven
treinta y tantos años
busca proyecto ilusionante
para volver a empezar de nuevo
abstenerse los de siempre

de Francisco Cenamor,
en Asamblea de palabras, Ediciones Vitruvio, 2007.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Un hombre tras las rejas 2 QUIEN...

2

QUIEN me quebró los huesos y me cercó de rejas?
¿Quién alzó los barrotes entre mis manos y la vida?
¿Quién me encerró en la sombra
y me hizo ajeno y solitario y triste?
¿Quién me aisló como a un monstruo?
¿Quién? ¿Quién me cercó de rejas?

¡Ah, los cobardes! Siempre los cobardes.
No es por odio que me encierran. Es por miedo.
Miedo de mí. No de la fuerza de mis manos rotas,
sino miedo terrible de mis ojos abiertos.
Miedo de que les vea la maldad en el pecho.
Miedo de que les mire la ponzoña escondida.
Miedo de que les grite a la cara: "¡Cobardes!"
Miedo de que les grite la verdad, cara a cara.

¡Ah, los cobardes! Siempre los cobardes.
No es por odio que me encierran. Es por miedo.
Era más fácil levantar barrotes
y quebrarme los huesos y encerrarme en la sombra.
El hombre tras las rejas. Vencido. Aniquilado. Destruído*.
Ciegos mis ojos. Sordos mis oídos.
Enterrado con vida como si fuera un muerto,
con las órbitas llenas de gusanos.
¡Ah, los cobardes! Siempre los cobardes.

de Carmen Natalia (Martínez Bonilla),
en Un hombre tras las rejas, Brigadas Dominicanas, 1962.
*Del original.

domingo, 15 de noviembre de 2020

50-50

50-50

Estoy solo en este mundo, exclamó,
no tengo a nadie con quien compartir mi cama,
no tengo a nadie a quien coger la mano-
La verdad pura y simple es
que yo no tengo a nadie.

Big Boy abrió la boca y contestó:
Su problema consiste en que
usted no tiene cabeza.
Si la tuviera y usara su mente
usted podría tener compañía
siempre.

El otro respondió: Babe, ¿Qué debo hacer?

Y éste repuso: Comparte tu cama
pero también tu dinero.

de Langston Hughes,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.77, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2014.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Escribir después de Auschwitz

 Escribir después de Auschwitz

“No nos está permitido conceder a Hitler
ninguna victoria póstuma”
—Emil L. Fackenheim

Escribir entonces
para no conceder más victorias póstumas a Hitler:
la claudicación de nuestra esperanza,
nuestro olvido de las víctimas,
el paso tuyo amargo tras las escaleras.

Escribir, entonces, con un puñal en las manos,
con una boca viva hablando en nuestra propia boca.

Denunciar a los culpables
y salir al mundo fieramente
con poco más que rabia entre las uñas
con que hacer reventar lo viejo en lo ya nuevo;
—y estrangular los respiros
                                                        de la desaparición.

de Enrique Falcón,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.31, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

viernes, 13 de noviembre de 2020

El grito redentor

El grito redentor

¡Nadie ha podido dominar mis iras!
Los hierros para mí no son barreras!
¡Yo me alzo sobre el mal y las mentiras!
¡Mi cerebro ha borrado las fronteras!

¡Y libre, frente al sol de la esperanza,
desde mi celda canto! ¿Quién sofoca
el ardor de mi sangre? ¿Quién alcanza
a detener el grito de mi boca?

¡El grito redentor que me ahogaría
si no saliera por la boca mía!

de Alberto Ghiraldo,
en La canción del deportado, Fernando Fé, 1929.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Con el libro sagrado en la mano...

Con el libro sagrado en la mano
No nos deja hablar
Con el libro antiguo en la mano
No nos deja ser
Dice cómo disponer
Dice cómo vivir
Dice quién siente qué
Dice qué se puede
Y qué nunca se podrá
No hablo de la Biblia
No hablo de la Torá
No hablo del Corán
Hablo de la primera edición
Del diccionario
De la Real Academia Española

Por Félix Sánchez Durán.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

La Canción del mendigo

La Canción del mendigo

Dos músicos errantes que la fatiga inclina
y llevan los andrajos mejores que la voz,
se apostan por las noches en la desierta esquina
y extienden los sombreros diciendo una canción.

Las ráfagas heladas azotan sus semblantes
y el viento rencoroso se ensaña en su dolor.
El viento los conoce. Son músicos errantes,
que vagan por las calles diciendo una canción.

Si por acaso el Creso de corazón vacío
en vez de una limosna les muestra su rigor,
no lloren;—¿por qué lloran?—no pueden tener frío,
no pueden tener hambre diciendo una canción.

Suplican al que pasa, le salen al camino,
le piden «un socorro, por el amor de Dios.»
¿Mas quién repara en ellos? Que cumplan su destino,
que vaguen por las calles diciendo una canción.

Vencidas de fatiga—¡tan larga fué* la espera!—
sus piernas vacilantes se rinden al dolor...
¡Mirad! son dos borrachos que ruedan por la acera
y muestran su alegría diciendo una canción!

Y si tras tanta angustia, sin encontrar abrigo,
robaran y vertieran su llanto en la prisión,
¿que harán en la miseria los hijos del mendigo?
¡Que imploren como el padre, que digan su canción!

de Manuel Ugarte,
en Poesías Completas, Casa Editorial Maucci, 1921.
*Del original.

CAMPOS DE OXACA

CAMPOS DE OXACA

Éste es el pueblo de la Calavera, el humilde Méjico
que asesinó a Fernando Maximiliano:
muchedumbre vuelta de espaldas a la Historia,
arrobada en el recuerdo de una derrota lejana
o de un oscuro crimen primeval.

Ante la iglesia de Tlacolula, una muchacha
de pechos hermosísimos, en cuclillas,
pregona su vendeja: pimienta y cacao.
Vagan lentos cebúes al fondo de la plaza.
Camiones van y vienen entre la polvareda.

Éste es el valle de la predilección
de quien quemara en Veracruz sus naves:
tierra de hombres de tierra, desde el origen expuesta
a un inclemente viento de obsidiana.
Como soles errantes, los amos extranjeros
se han ido sucediendo ante su rostro impávido.

Se eleva en alguna parte un seco tañido.
Cruza el espacio diáfano, sobre el sagrado promontorio
de Monte Albán, sobre los templos de Mitla;
reverbera en los muros de los viejos conventos
antes de ahogarse en las concavidades
de las antiguas tumbadas zapotecas.

Ésta es la tierra del Olvido. Éste, el pueblo que danza
en la llanura circundada de detritos volcánicos,
agitando sables que el óxido recama,
ocultando sus miradas indiferentes
bajo máscaras de venados o de conquistadores.
Éste es el pueblo de la Calavera.

de Jon Juaristi,
en Una mano tomó la otra - Poemas para construir sueños (selección de Pedro Hilario Silva y otros), Comunidad de Madrid, 2004.

martes, 10 de noviembre de 2020

El herido

El herido

Para el muro de un hospital de sangre.

I.

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía
de ensangrentadas puertas.

II.

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

de Miguel Hernández,
 en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.11, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Un hombre tras las rejas 1 UN HOMBRE TRAS LAS REJAS

1
UN HOMBRE TRAS LAS REJAS

"Para todas las cosas hay sazón"

ESTOY aquí. Un hombre tras las rejas.
Un hombre solo, abierto, desmembrado.
Un hombre con las manos rotas
y rotos los oídos y rota la palabra
y roto el pensamiento
y roto el ojo inmenso, febril, desorbitado.
Y roto el sexo entre los muslos rotos.
Un hombre tras las rejas. Deshecho. Mutilado.

Todo lo que había entero en mí,
todo lo que había intacto, erguido,
está roto. Lo mismo que la luz entre las rejas.
Irremediablemente roto. Destroncado.
Roto mi cráneo, fábrica de sueños.
Roto mi corazón, puño de angustia.
Roto mi costillar despavorido
y roto el dorso vertical y duro.
Un hombre tras las rejas. Enteramente roto.

Eunuco vacilante, mitad hombre, mitad niño.
Bestia entregada al yugo. Siervo desnucado.
Un hombre con su quebradura obsesionante,
sumido en la vergüenza de las rejas.
Un hombre hecho pedazos. Hecho trizas.
Talado como un árbol. Destruído*.
Un hombre tras las rejas. Roto. Roto.

de Carmen Natalia (Martínez Bonilla),
en Un hombre tras las rejas, Brigadas Dominicanas, 1962.
*Del original.

domingo, 8 de noviembre de 2020

CANCIÓN DEL CARPINTERO

CANCIÓN DEL CARPINTERO

Trabaja tu madera, carpintero!
El noble roble y el laurel glorioso.
Trabaja tu madera, que á la Vida
          Grato es tu oficio.

Labra con el sudor de tu faena
El pino familiar y el fúnebre ébano.
Trabaja tu madera, que á la Muerte
          Grato es tu oficio.

Haz en tu banco el industrioso mueble,
La prora esculpe del bajel intrépido,
Talla el trono del rey, y de las horcas
          La cruz siniestra.

Sálvanos de los vientos de la calle
—Odio, traición, envidias y calumnias—
Con el portal amigo donde husmean
          Hombres y lobos.

Canta y trabaja, carpintero, canta!
Tuyo es el bosque lírico y viviente,
El arca del caudal es obra tuya;
Pero el oro que guarda es sólo nuestro!

***

Trabaja tu madera, carpintero!
Mientras tu canto la tarea endulza
Mide la escuadra el ángulo preciso,
Surge fácil del torno el arabesco,
Corta á golpes certeros el escoplo,
Hunde el taladro su horadante espira,
Riza silbantes rizos el cepillo,
Y en la paz del taller se aspira el bálsamo
          De la madera.

***

Canta y trabaja, carpintero, canta
Pronto vendrá la noche y á tu puerta
El dolor suplicante y sollozante
          Dirá su angustia.

Al cariñoso amparo de tu lámpara,
En el reposo del taller fraterno,
Trabajarás con cuatro tablas rústicas
          El triste encargo.

Mañana á media tarde, por tu vía,
Mientras tu canto la tarea endulza.
Verás cruzar la procesión de siempre
          Con rumbo cierto.

***

Canta y trabaja, carpintero, canta!
Tuyo es el bosque lírico y viviente,
El ataúd que pasa es obra tuya...
Pero todo el dolor es sólo nuestro!

de Mario Bravo,
en Nuestro Parnaso - Colección de Poesías Argentinas (Cuarto Volumen), Ernesto Mario Barreda/Ediciones M. Gleizer, 1914.