Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a los lectores a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autores para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.

jueves, 30 de junio de 2016

La mente se pudre...

La mente se pudre...

La mente se pudre.
 La mente es carne 
 y mucho antes que el cuerpo se pudre.
 Si no se mueve, si no se duda, 
 si no se busca en los rincones, se pudre.
 Si no se sospecha de los impostores,
 si no se educa en la discusión
 y los debates,
 si no se aceitan sus pliegues con
 lo mejor de las palabras,
 se pudre.
 Si no se prospera en las razones
 aunque se falle,
 si no se convoca a la memoria
 para que ilumine los abismos insondables,
 se pudre.
 Cuando se toma todo como está,
 cuando escasean las herramientas
 para sopesar posibilidades,
 cuando se nutre de bestialidades,
 de supersticiones, de ciencia falsa,
 cuando colman su espacio
 las engañosas realidades 
 que le imponen las pantallas,
 se pudre.
 Cuando no le importa, 
 cuando no le interesa,
 cuando le da lo mismo, 
 se pudre.
 Cuando aplaude la estupidez y
 se ríe a carcajadas con la burla imbécil
 mientras señala al bufón que la mira
 en el espejo,
 se pudre.
 Mucho antes que nos alcance la muerte,
 apenas nos decidimos a ignorar por cobardía y
 explorar los caminos de una vida vacía,
 desde que nos dejamos ganar las horas 
 por los mercaderes siniestros de la orquestada mentira,
 la mente se entrega a una triste agonía
 y entre aplausos y gritos celebra la nada,
 la superficie plana que le reserva su apatía,
 un destino de borracheras con el alcohol del olvido,
 un licor que anestesia todos los sentidos.
 La mente se pudre,
 si no se la empuja y se le exige a gritos que despierte,
 para que abandone lo absurdo 
 y despegue las rodillas del suelo,
 para que no distraiga sus días masticando anzuelos
 arrojados desde la orilla de los dueños del mundo.
 La mente se pudre si no se piensa,
 si no se filtra, si no se ensayan las propias palabras
 para explicar el universo, si no nos volvemos poetas,
 filósofos, alquimistas del sueño, 
 abogados del diablo y fiscales del pueblo.
 Si no nos damos cuenta que nos están comiendo,
 que nos dan cuerda y nos arrojan al cemento
 para que bailemos al son de una comparsa de silencios,
 la mente se pudre como se nos pudre el tiempo.

de Alejandro Ippolito,
en https://www.facebook.com/alejandro.ippolito.7?fref=nf&pnref=story (28/6/16).

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