Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a los lectores a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autores para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.

jueves, 6 de abril de 2017

Nadie lo oyó...

Nadie lo oyó,
pero todos sintieron
un rayo a sus espaladas.
Nadie lo supo,
pero todos sufrieron
la puñalada mortal.
Nadie lo vio,
pero todos quisieron
poner su pecho adelante.
Nadie, nadie
lo oyó, ni lo supo, ni lo vio,
pero la Villa entera lloró
sin saber lo que pasaba.
En una estación lejana,
nadie más que con sus brazos,
contra fusiles y tropas,
murió combatiendo Guille.

Qué inmensa tu figura, flaco,
cuánta proyección en tus brazos,
cuánto horizonte en tus ojos,
cuántos corazones en tu grito.
Cuánto nos dejaste, hermano Guille.
Cultivado entre los Guilles
entre latas y carritos,
en la miseria helada,
en el lado marginado,
creció tu llamado ardiente,
fue tu padre la calle,
la madre sin escuela,
el casamiento
que consumió tu vida.

Tu fuerza venía de todos,
retumbaba en tus latidos,
el dolor de su cielo sin techo
acunaban tus brazos,
la llama de su esperanza. 
El Carlos Gardel te espera,
como siempre triunfante,
te esperan sus casas sombrías,
la soledad de ese universo,
que nadie escucha,
esperan ellos tu voz,
como cuando te la dieron,
esperan ellos el grito,
que los despertó tantas veces,
esperan, ellos, esperan,
que tus cenizas renazcan.


De Joaquín Enrique Areta (desaparecido a los 23 años en La Plata, el 29 de junio de 1978),
en Siempre tu palabra cerca, Secretaría de Comunicación Pública, 2011.

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