Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a lxs lectorxs/militantes a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autorxs para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.

jueves, 24 de diciembre de 2020

SALMO

SALMO

Una planicie larga
Bajo la luz del sol. El infinito
Pesa en el corazón como una carga. . .
¡Cuán grande fué nuestro delito!

Fatigado, errabundo,
Así como bazofia mal oliente
Que despreciara un can, solo en el mundo.
Nos encontramos, frente á frente.

La veste inmaculada,
Crisol de sus ensueños, ya no era
Sino una roña vil, harapo, nada...
Menos que triunfo, ni bandera.

Aparté sus cabellos
Para reconocerle, poco á poco,
Y un perfume de nardo brotó de ellos...
Jesús de Nazareth, el loco.

—¡Señor!... ¡Señor!... —le dije
¿Adónde vas?... Extático, siniestro
¡Ah, yo no sé qué rebelión maldije
Sobre la cara del Maestro!

Pronuncié con cariño
Su bello, triste, suspirado nombre,
Como lo pronunciaba cuando niño...
—En pos de la verdad, el hombre.

Y, corrido un instante,
En un postrer esfuerzo, con la mano
Me señaló la inmensidad delante...
¡El llano siempre, siempre el llano!

Iba á Jerusalém.

Como en un sueño.
Cruzaba por mi mente la odisea;
En el pesebre luz, sombra en el leño...
Jesús de Galilea.

Un manto y una caña...
Este es aquel demoledor, que un día
Tronara su gran verbo en la montaña...
¡Dios te salve, María !...

Verbo de amores santo,
El de las madres débiles y buenas...
¡Lástima que su amor no odiara, tanto
Como el amor de madre de las hienas!

Adelante, la sombra, como un velo;
Arriba, el cielo azul... ¡Poeta errante,
Ensimismado en contemplar el cielo
Se olvidó de mirar para adelante!...

Le reanimé gozoso;
Me miró dulcemente, como á un hijo
Y, más que con la voz, con un sollozo:
—¡Ah, tú también me abandonaste!... —dijo.

Sí, también yo!... —Le contesté.— ¿Qué duda
Ensombreció su espíritu de hierro
Al verse solo, en la planicie muda,
Abandonado como un perro?...

Iba á Jerusalém... ¿Para qué iba?
¿Para de nuevo repartir sus dones,
Y rotular de sátrapa al escriba
Y á los burgueses de ladrones?...

Solo, sin fe, sin clava
La hermita obscura, túrbida la fuente...
¿Era que la Verdad necesitaba
Crucificarlo nuevamente?

—Yo —le dije— Maestro, soy el mismo:
Mezcla de amor intenso y odio intenso;
Un hereje que lleva tu bautismo
Y que está perfumado con tu incienso.

Solamente que ahora
La Verdad fijó rumbos á la prosa...
Y ya no creo en nada
Porque creo en el hombre. Como un velo
Era tu religión á mi mirada:
Más que inconmensurable, indefinida...
¡Ah, porque me dejaba ver el cielo
Pero no me dejaba ver la vida!

No hay más allá. Divinizado el hombre
Lo deshumanizaste. Solamente
Tuyo ha sido el error... ¡error sin nombre.
Tratándose de tí, clarovidente!

¡Contempla qué lejano
El horizonte azul!... Allá, muy lejos
Hay también hombres viejos
Que mendigan el pan...

La tierra toda
Se engalana de flores
Como la prometida de una boda
Eternamente festejada.
Observa
Qué leve desparramo de colores
Matiza el terciopelo de la hierba...

Y todo tiene dueño todavía...
¡Veinte siglos después!
¿En qué agujero
No ladra, poderosa, la jauría?
¿A dónde irá Ashavero
Maldito de los dioses?...
Es preciso
Reivindicar al hombre con la tierra,
No con el paraíso.

Un nuevo ideal; que encierra
La síntesis del tuyo, Nazareno,
Irradia ya, lo mismo que una aurora.
Gloriosamente bueno.

Libertad, libertad!... Esa obsesora.
Ingenua libertad que ríe y llora
En la carita de los niños... esa
Que es sensación de vértigo en la cumbre,
Gorjeo en la calandria, lejanía
En la llanura silenciosa...

Opresa
Hoy como ayer está la muchedumbre,
Pero, sabe que un día...
Rotos los eslabones en pedazos
Levantará los brazos!

No ya para los justos el castigo,
Porque si esa es la ley... ¡yo la maldigo!
De pie, sin un lamento,
Por el amor, el odio, hasta que sea,
¡Y por la libertad el escarmiento,
Con el hacha y la tea!

Eso se necesita
¡Dinamita, maestro, dinamita!

de Federico Gutiérrez,
en Nuestro Parnaso - Colección de Poesías Argentinas (Cuarto Volumen), Ernesto Mario Barreda/Ediciones M. Gleizer, 1914.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario