Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a los lectores a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autores para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.

domingo, 19 de enero de 2014

Flor de la calle

Flor de la calle

Me miraba aquel niño, y en sus ojos
Yo no sé lo que había;
Pero era hermosa su mirada, y dulce,
Y lastimera, y sollozante y fría.

Y lo llamé y le dije: no te asustes,
Quiero hablarte, querido;
Y se acercó temblando como tiembla
El pichonzuelo que perdió su nido.

- ¿Por qué estás triste, dí, por qué no juegas
Como los otros niños?
- Porque desde que usted me hizo caricias
Siento en mi ser el hambre de cariños.

- ¿No tienes madre acaso que te quiera?
¿Perdiste ese tesoro?
Y con voz de amarguras infinitas:
- No sé si habré tenido, yo lo ignoro.

Y yo que tengo madre, entonces siento
Que huye de mí la calma;
Una congoja inmensa que me envuelve,
Un mundo negro que me oprime el alma.

- Flor que bañó tan sólo la amargura,
Sueña que soy tu padre,
Aunque mil besos de mis labios fríos
No valgan lo que un beso de una madre.

- Flor crecida entre cardos y entre escarchas,
Sin una primavera,
Flor sin padre, sin madre, sin hermanos,
Sin un ser en la vida que te quiera.

- Ven, más bella es la lágrima de angustia
Que en tu párpado oscila,
Que la risa falaz de tantas almas
Que sólo escarnio y perversión destila.

- Y te llaman vicioso, callejero,
Alma degenerada,
Porque haces travesuras que en sus hijos
Son tan sólo una gracia... una monada.

- Ignorante, harapiento, sucio, vago;
Son esos los conjuros;
¡Cuánto mejor si en educarte dieran
Lo que ellos gastan en cigarros puros!

¡Ah, si en lugar del Rhin y del Champagne
Con que se brinda tanto,
Dentro tu corazón viviente copa
Se bebieran las gotas de tu llanto!...

¡Oh, qué dulce la vida entonces fuera
Sin chicos de la calle,
Dando esencia las flores de la cumbre
A las que el viento arrastra por el valle!

Ven a mis brazos, ven, que aún en el páramo
Tenga pan en mi tienda,
Y te dará calor más que mi techo
De mi cariño la cristiana ofrenda.

Tú me darás candor, yo mis consejos,
Que en mis rápidos años
Aprendí a fabricar miel de esperanzas
Aún con hierba fatal de desengaños.

Toma otro beso... quiero que en tu frente
Se deshaga en amores,
Para alumbrar las almas egoístas
Y tocarlas en lámparas de amores.

De Alfonso Durán,
en Flores de un Otoño, Incipit Liber, 1922.

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