Las palabras necesitan de un contexto histórico, político, social, cultural, económico y biográfico para significar. Exhorto a lxs lectorxs/militantes a realizar un viaje de conocimiento acerca de lugares, tiempos y autorxs para enriquecer la experiencia literaria que propongo en este espacio. Gracias.

martes, 7 de abril de 2026

UN NIÑO EN LA CALLE

UN NIÑO EN LA CALLE

Un niño,
en la calle.
Brisa que lucha
por la vida.
Pies que aplastan
la ciudad.
Un niño,
en la calle.
Tierna desnudez
que mira las estrellas
goteadas de carmín.
Un niño,
en la calle.
Tiritando en el lecho de piedra.

de Alberto Oscar Frigerio,
en Barrilete, n°11, mayo, 1965.

domingo, 5 de abril de 2026

La misa buena

La misa buena

Vamos a celebrar
la misa del amor esta mañana.
Haremos una hostia
con masa de maíz, harina y esperanza.
En un filo de roca,
sobre el vientre de un cerro,
consagraremos la hostia de la vida
y el vino del derecho.

(Los que no vengan,
los enemigos,
rodarán solos
a malos ríos).

Ninguno de nosotros
rezará arrodillado:
rezaremos de pie, listos para la vida,
con los ojos volando.

(La rodilla se dobla
cuando las manos
están apabulladas
de fracaso).

De noche llegaremos a nuestro altar, unidos,
mezclados en abrazo,
rezando la oración de la alegría,
el beso de los libres en los labios.

(Cuando se abraza
diciendo hermano,
los que no abracen
quedarán mancos).

Todos seremos sacerdotes, todos.
Los altos y los bajos.
Y todos comeremos la hostia del amor
como animales cálidos.
Invitaremos a la misa a todos:
niños, ancianos, presos,
pilotos y mecánicos,
arzobispos y obreros...

(Cuando se reza
de pie y cantando
los de rodillas
son los paganos).

de Jorge Debravo,
en Nosotros los hombres, Editorial Costa Rica, 2013.

jueves, 2 de abril de 2026

LA CAUTIVA

LA CAUTIVA

De la Tierra extranjera
Vendrá el gigante de las patrias glorias,
Al pie de la bandera
Que tiene su alma y guardará altanera
Su urna azul su polvo de victorias.

Proscripto del destino,
Vendrá en la muerte a levantar su tienda
Bajo el sol argentino,
Y en cada ola que alzará el camino
La Libertad la llevará una ofrenda.

La América al soldado
Dará las palmas de la tierra toda
Donde lloró el pasado,
Donde a la sombra del pendón sagrado
Paseó el cadalso la conquista goda

La proa del navío
Por el laurel se sentirá sujeta,
Y allí hasta el mar bravío
Irán las ondas del Platino río
Con la caricia de la patria inquieta.

Con extraño murmullo,
Sobre los flancos del bajel severo
Pondrán amor y orgullo,
Y harán oír, a San Martín su arrullo,
Y al ronco mar los gritos del pampero.

El Gigante caído,
De aquellas olas guardará el lamento,
Porque ellas habrán ido
Sobre el abismo a conmover el oído,
Con esta endecha que les dijo el viento:

“Allá, tras la neblina
En que parece que a tocar sus brumas
El cielo al mar se inclina,
Hay una tierra que nació argentina
Y en la borrasca se ciñó de espumas.

“A aquella tierra un día
el sol de Mayo la besó en la frente,
Y hoy llora todavía,
Perdida y sola en la extensión vacía,
 Con el recuerdo de su amor ausente.

“Hija del Nuevo Mundo,
le llama triste a consolar su pena,
Y oye solo, iracundo,
Del océano el estertor profundo
Que en confín del horizonte suena.

“Cual víctima expiatoria,
A su cadena la amarró el pirata
De aventurera historia,
Para olvidar la tempestad de gloria
Que a sus milanos desbandó en el Plata.

“Y allá gime cautiva,
 Luchando en vano por romper sus lazos
Con ira convulsiva,
Con el rubor de la romana altiva
Cuando el esclavo la estrechó en sus brazos.

“Su clamoroso alerta,
Todos los ecos que el abismo esconde
Alza en la mar desierta,
Pero jamás la soledad despierta,
Pero jamás el vengador responde.

“Ay! el ave marina
Sabe no más lo que se queja a solas
La cautiva argentina
Cuando le grita el huracán: ¡Malvina!
Y dicen: ¡Falkland! las sombrías olas.

“Ella, la compañera
De sus peñascos descarnados, sabe,
Que inerme y prisionera,
En la ansiedad del abandono espera,
Como encallada y solitaria nave;

“Que eterna sombra arroja
Sobre las cumbres donde rueda el trueno,
Una bandera roja
Que en el delirio de mortal congoja
Como una garra se clavó en su seno;

“Que el sueño rescate
La hace vibrar como gigante lira
Templada en el combate,
Cuando sus alas la tormenta bate
Y en soplo audaz la libertad respira;

“Que la soberbia azota
Del opresor la miserable esclava,
Cantando su derrota,
Y donde quiera que su enseña flota,
El estandarte de la patria clava;

“Y que ora en explosiones
De orgullo airado, su penacho agita
De niebla hecha girones,
Llamando al viento a desatar turbiones,
Y dando al rayo vengadora cita;

“Y ora pide doliente
Su inmensa tumba, su grandeza entera,
Al hondo mar rugiente
¡Para perderse en el oleaje hirviente
Con el sudario de la azul bandera!”

Así dirán airadas
Las anchas olas del Platino río,
De espuma coronadas,
Volcando flores, de la patria enviadas,
Sobre los flancos del triunfal navío.

¡Ay! en la urna muda
Como un recuerdo dormirá el atleta
Que América saluda,
Pero el secreto de la mar ceñuda
En cada oído lo dirá el poeta.

De su lira sonora
Saldrá perenne la canción guerrera
Que marcha voladora,
Como la luz, a despertar la aurora,
Como la chispa, a reventar la hoguera.

1879

de Martín Coronado,
en Poesía argentina y Malvinas: Una antología (1833-2022)Foffani, E. Torres, V.(Coords.), Universidad Nacional de La Plata, 2023. 

martes, 31 de marzo de 2026

Culata

Culata

Salí a matar una ilusión
pensé que se trataba de un crimen,
pero resultó ser una amputación.

de Nina Ferrari,
en Sustancia, Editorial Sudestada, 2020.

domingo, 29 de marzo de 2026

Un muro

Un muro

En la orilla, cortada casi a pico
sobre el mar, hay un muro
de ladrillos ya viejos,
de cal oscurecida, desgastada.

Tendría el mar, entonces,
este mismo color, parecería
una inmensa pared hermosa y verde.

Contra este muro, colocados todos
de espaldas
un pañuelo
junto a 61,
en los ojos, y las manos
alzadas; o, quizá,
contra este muro, codo
de cara a los ladrillos y a la cal,
con las manos atadas...,
con codo, calculándolo a ojo,
deberían caber de cada vez
lo menos quince hombres...

A la altura en que estuvieron
aquellos corazones y cabezas,
todavía se ven,
grabados para siempre sobre el muro,
enjambres de disparos.

De Jesús López Pacheco,
en Entre los poetas míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.23, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

sábado, 28 de marzo de 2026

A Miguel Hernández y su canto encadenado

A Miguel Hernández y su canto encadenado
(fragmento)

Picotazos de cuervos rondando tus carnes
hasta el último rincón del alma.
Y tu canto roto
como una vasija de sal.
Continúa cantando
desde cada uno de sus pedazos.
Porque el canto es más fuerte
que el dolor que sepulta a los muertos.
El silencio es un país hondo y espeso
donde se guarda el canto a madurar
donde se guarda la melodiosa furia
del alumbramiento del próximo día.
Abro los bosques de mi pelo
para atrapar tu memoria,
tu voz que me traspasa todavía
en la reencarnación del caos,
en los barrancos grises de la soledad
donde te han cruzado la piel a latigazos.
Tu voz sitiada en la celda del pecho,
panal que invadieron los ofidios
deidad que escribe con mil brazos
la historia del hombre.
La siento oscilar en mis pendientes
con sus negras piedras
como los pozos del olvido.
La escucho llegar en el agua del sueño
donde tus peces vuelven a seducirme
hasta vaciarme la sed.
La escucho con la unción
con que se escucha la profecía
que asciende en una catedral de sal.
Donde tu palabra me invade
con su obsesión de altar y quemadura.
En el lento ascenso
del subsuelo de la palabra
hay un hilo de luz que abre los cerrojos
de los gabinetes secretos.
Porque el poema escrito en la humedad
de las catacumbas echa raíces.
Tu canto que tiene caballos de fuego
tironea de la noche con el miedo adentro.
Y la piel cielo gris de tus ojos
pétalos de seda y musgo
despeñaderos de bruma
donde un guitarra clama
hechicera y carnívora.
Acechándome.
Imposible regresar desde el humo de tus ojos,
desde la asfixia
donde eres una barca de aliento y desolación
/ donde tu palabra comenzó a no ser
y el rocío no pudo salvarte del deseo.
¡Dios! La sirena de un barco sin timonel
viene a buscarte.
Y subes por las tinieblas del mundo
con tu destello vivo
de abrir hogueras en el alma.
Ritual de la luz
invadiendo las pieles de la noche
los túneles del cuerpo,
las raíces que crecen atándote los pies.
Cuerdas que tironean de la música
que cae sobre tu música
urdiendo melodías de soles
que surgen de tu hoguera
con sus agujas amarillas.
Uñas en las fisuras del corazón,
alacranes hurgando
en los páramos de la locura
en la feria de rostros
que no dejan de estallar en el acecho.
Suenan y resuenan tus versos en mi canto
cuando tu ausencia golpea
en sus concavidades
y otra poesía renace húmeda y sensual
para atraparme.
Ando desnuda y blanca
por las notas de tu voz,
huyendo hasta el fondo de tu herida
por donde vuelves a entrar.
Obstinadamente.
Y otra vez tus lágrimas de nieve
sobre el teclado rojo
de un piano con olor a madera
y desolación.
En el río del verso
recojo las piedras de tu canto.
Una a una queman mis manos
con el fulgor de tu vocación empecinada,
con la brasa del verbo
que brama en el pecho.
En el copón de tus manos
me das de beber pepitas de poesía.
En las puertas clausuradas
de tu exilio donde todas mis voces
continúan reclamándote.

de Elena Cabrejas,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.30, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

jueves, 26 de marzo de 2026

El pabellón era un largo corredor con doce calabozos...

El pabellón era un largo corredor con doce calabozos...
Al fondo, el baño
(¡Un solo baño y 24 prisioneros!)

¡Siempre estaba ocupado!
El calor era una rata mordiendo la carne de los hombres.
El mal olor subía como una caravana.

Alguien, de pronto, se ponía a llorar.
Otro soltaba una blasfemia.
Aquel, simplemente, cantaba.

Había veces, como esta,
en que el pabellón era un archipiélago:
Cada quien se envolvía en su desesperanza.

El mal humor surgía.
La palabra era entonces perfil de cuchillada
y un puñal de odio antiguo se asomaba a las manos.
Entonces el viejo campesino sacaba su guitarra.
El mar enviaba peces.
El viento era un pañuelo colgado en la ventana.
La lluvia era una niña desnuda por el campo.
La noche silenciosa traía hierbabuena
y el río era un muchacho repartiendo naranjas.

de Hugo Fernández Oviol,
en Como una brasa que ha seguido encendida - Antología de poesía venezolana, El perro y la rana, 2016.

miércoles, 25 de marzo de 2026

del 79

del 79

A la búsqueda
inquebrantable
de las Abuelas
de Plaza de Mayo

profundo dolor
el de estar en compañía
perpetua de la sombra
de una ausencia sentida
de las entrañas
de la vida...

(comulga la pena
mi alma afligida)

y pensar
que podría ser yo
el cuerpo
de otra sombra
sombría

Por Félix Sánchez Durán.

martes, 24 de marzo de 2026

No es tristeza, imposible de envolverte y seguir...

No es tristeza, imposible de envolverte y seguir,
Paso a paso, tus horas, cuerpo a cuerpo, saberte…
Y tampoco es distancia; es más allá con vos,
Llevarte a mis silencios a contemplar lo eterno.

Me iré por cualquier parte, con el convencimiento
De encontrar un hermano, un barrio, un paredón
Donde gritar ¡no es cierto!... No sé quién va a esperarme…
Me iré por cualquier parte y seré igual que el mundo.

Ya sé que en las veredas que nos atestiguaron
Falta mi brazo, es cierto; pero no exactamente;
No sólo te sostuvo como un tronco de sangre,
Te dio fortaleza del amor más sencillo.

Ahora estoy presente, nunca te olvides de esto:
Ahora es todo el tiempo para mí, para siempre,
No es tristeza y tampoco es distancia sin alas,
Es un beso sereno de la muerte y la vida.

de Daniel Favero (detenido-desaparecido el 25 de junio de 1977),
en Poesía y Militancia, EDULP, 2020.

domingo, 22 de marzo de 2026

HIMNO DE PAZ

HIMNO DE PAZ

A Soledad de Braun

Resuena en las inmensas llanuras
la orquesta de un lejano tropel;
un vértigo de danzas impuras
anuncia a las edades la danza de Luzbel.

Ambiente de pasión y de guerra;
delirios de matanza y pasión.
El viejo corazón de la Tierra
destila sus dolores en cada corazón…

¡Mirad! En rutilantes desfiles
acuden a morir y a matar;
Licurgo con la lanza de Aquiles,
y fuego sobre el éter, y fuego bajo el mar…

Destellan bajo el sol las espadas;
oíd: ¡ha redoblado el temblor!
y fiebre de clarinadas
y vuelo de cabalgadas,
y el dolor…

Son gritos de llamada: mil trinos
acordes en un trino mortal;
“¡Al Rhin!”, dicen los pueblos latinos,
y arroja contra el Rhin sus destinos
la fúlgida familia ancestral.

Van todos: el cantor siciliano,
los rubios argonautas de Albión,
y Alberto de la Mancha, y el férvido espartano,
y el gran jinete galo galopa en su bridón…

Y allá, los pueblos fuertes que olvidan su heroísmo:
los blondos Prometeos; el casco y el clarín;
Sigfrido, alma de bronce; Wotán, alma de abismo;
leyendas de la selva; cinta de fuego: ¡el Rhin!

Se traban: sangre y lucha;
cuatro años que no dejan un minuto al amor;
la imprecación del odio que se escucha,
y allá Caín con alas, y aquí la herida en flor.

Perdió sus alboradas de púrpura la rosa,
calló sus armonías el laúd;
un compás de tragedia retumba en cada cosa,
porque en toda la Tierra se está abriendo una fosa
y en cada tronco de árbol germina un ataúd…

Pero ya se siente
venir del Occidente
la fe que levanta
–ruiseñor que canta–,
la breve virtud de la Paz,
y haciendo palpable la oliva quimérica,
surcó el océano la joven América
y en pleno Diluvio soltó la torcaz.

¡Qué noble armonía, qué alígero cántico
sacude el fogoso tritón del Atlántico
que lleva en sus lomos la nueva canción!
Gloriosa de espumas navega la barca
y vuelve a los hombres la historia del arca,
donde la gacela sonríe al león.

¡La Paz! A su nombre
fue de nuevo el hombre:
ya no se debaten los odios humanos,
y en vez de las armas se cruzan las manos.
¡Suprema armonía,
calor, poesía,
toda circundada de luz la Verdad;
besar las espinas que acechan al paso;
ser bueno a la aurora, ser justo al ocaso,
y allá arriba el cielo y aquí libertad!

¡Quiero la paz eterna y fuerte, pero leve:
un cóndor con las uñas embotadas en nieve;
suprema y levantada
sobre el odio del barro y el revés de la espada,
sobre el hermano herido,
sobre las impiedades, sobre Sila y Adán,
como un ave que cuelga la emoción de su nido
sobre la cresta de un volcán!

de Andrés Eloy Blanco,
en Poesía, Fundación Biblioteca Ayacucho, 2006.

viernes, 20 de marzo de 2026

Nadie critique, nadie diga nada

Nadie critique, nadie diga nada

Nadie critique,
nadie diga nada,
si yo escribo a esta hora,
en este calabozo
mis poemas...
Aún el guardia
no ha dicho que no escriba
como una mariposa,
como una brasa
que ha seguido
encendida
en una gota de agua...
Nadie critique,
nadie diga nada;
aún el guardia
no ha dicho con sus armas:
“Prohibido escribir
después de cierta hora...”
Nadie critique,
yo le escribo a mi amada...

Cuartel San Carlos, 5 de noviembre de 1962

de José Vicente Abreu,
en Como una brasa que ha seguido encendida - Antología de poesía venezolana, El perro y la rana, 2016.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Balada de Carabanchel - 3 - Nota a Santiago Carrillo

Balada de Carabanchel - 3 - Nota a Santiago Carrillo


de Alfonso Sastre,
en Balada de Carabanchel y otros poemas celulares, Ruedo Ibérico, 1976.

lunes, 16 de marzo de 2026

Leyendo a Vallejo

Leyendo a Vallejo

Es una voz que resuena
por encima de este barullo,
este tren que me lleva
no sé dónde,
la oigo resonar angustiada
dentro de mi cabeza,
hoy,
a tantos días de haber nacido,
la voz de un poeta muerto,
y se apagan las voces de los vivos
y los ruidos,
y él me habla de su pieza recóndita
con su silla, su mesa y su butaca,
y de aguacerso y del sol
y del hombre que lo vela,
y postula que es cálida la nieve
y fugaz la tortuga.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

sábado, 14 de marzo de 2026

LOS BUEYES

LOS BUEYES

Vinieron de Italia, tenían veinte años,
con un bagayito por toda fortuna
y, sin aliviadas, entre desengaños,
llegaron a viejos sin ventaja alguna.

Mas nunca a sus labios los abrió el reproche.
Siempre consecuentes, siempre laburando,
pasaron los días, pasaban las noches
el viejo en la fragua, la vieja lavando.

Vinieron los hijos. ¡Todos malandrinos!
Vinieron las hijas ¡Todas engrupidas!
Ellos son borrachos, chorros, asesinos,
y ellas, las mujeres, están en la vida.

Y los pobres viejos, siempre trabajando,
nunca para el yugo se encontraron flojos.
Pero a veces, sola, cuando está lavando,
a la vieja el llanto le quema los ojos.

de Carlos de la Pua,
en Los mejores poemas de la poesía argentina, Ediciones Corregidor, 1977.

jueves, 12 de marzo de 2026

Respuesta

Respuesta

Yo también me interrogaba y nada en mí respondía.
Callaba toda
en un silencio claro y sellado.
Nada en mí afirmaba,
nada negaba en mí.
Me perfumaba una casta incertidumbre
que ascendía a mi canto.

de Enriqueta Arvelo Larriva,
en La palabra necesaria - Muestra antológica de poesía venezolana del Siglo XX, S/F.

martes, 10 de marzo de 2026

De regreso a México, D. F.

De regreso a México, D. F.

a Julio Valle-Castillo

Tu ciudad de diez años de estudiante
te traiciona.
Ya no te reconocés en ella, ya no te sirve
más que para la nostalgia.

Te das de frente con todos los muertos:
Herminio Ahumada, viejo combatiente del Vasconcelismo,
sandinismo encabronado
íntimo de Pellicer;
un poeta.

Irma Krautz, divorciada,
tan sufrida y tequilera,
eterna enamorada del poeta Cardenal.
- Una linda mujer como un ámbar con una hoja seca dentro -

Luis Rius nunca llegó al Festival de Poesía de Michoacán;
se lo llevó el cáncer sin el Nóbel, a los 53 años.

José Luis Benítez de tu misma edad,
murió de alcoholismo
al igual que don Ramón Martínez Ocaranza
(el Coronel Urtecho de Morelia).

Si no todos los muertos eran poetas,
eran como de la familia.

Sólo Ernesto Mejía-Sánchez, tu padre y maestro
(que reconoció bajo tus gafas las mancuernillas
de ámbar de don Laureano Castillo)
ha quedado como última y frágil evidencia del sueño.

de Daisy Zamora,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.90, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2014.

domingo, 8 de marzo de 2026

División de bienes

División de bienes

Llevate
el auto
los libros
las copas

quedate
con los ahorros
los muebles
el perro.

Lo único
que te pido
por favor
que me devuelvas

es el silencio.

de Nina Ferrari,
en Sustancia, Editorial Sudestada, 2020.

viernes, 6 de marzo de 2026

Al borde del mundo

Al borde del mundo

“Con las venas llenas de brasas”
Enrique Molina

Cuando los golpes penetran las vestiduras del alma
herrumbrando las carnes como una blanca orquídea
manchada de verdín hasta las vísceras.
Cuando las llagas hurgan sus raíces
como ratas hambrientas en las cáscaras del cuerpo.
Y aquella sed de caricias que socava más hondo
que la mano de la flagelación.
Cuando las muertes se suceden en cada lámina de piel
en la morosa intimidad de su alcoba
detrás de los postigos.

Caen látigos igual a mariposas muertas
sobre el que ha nacido para gemir.
Caen sobre los sueños que se deshacen
contra las rocas de la tarde y su voz cenicienta
(apenas un rescoldo de niño en el vacío).

¿Desde qué fauce los colmillos del dolor
como una costumbre?
¿Hasta cuándo el ojo de un cíclope
detrás de su espalda?

Nadie acude a contemplar su inocencia
erizada como el espanto
aullando dentro de la soledad.
Nadie para desenterrar los arpones en el puerto
de su casa.

Giran en el zumbido de las horas
los seis brazos carniceros
        los treinta colmillos
                    y los jueces ausentes.

En su cárcel de espejos sólo pide clemencia
desde todos los rostros.

de Elena Cabrejas,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.30, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

miércoles, 4 de marzo de 2026

A LA PEONA EZEQUIELA FARIAS

A LA PEONA EZEQUIELA FARIAS

Nació y murió
junto a una vaca.

Entre sus manos duras,
la suavidad del mundo
tomó formas de vaca.

Un silencio de vaca
la ciñó hasta los pies
como su delantal:
un silencio cantante,
más puro que la égloga.

Delante de sus ojos,
los días y las noches
australes desfilaron
como vacas macizas.

La tierra en que hoy descansa
—gorda, sumisa y útil—
se parece a una vaca.

de Leopoldo Marechal,
en Los mejores poemas de la poesía argentina, Ediciones Corregidor, 1977.

lunes, 2 de marzo de 2026

BLACK POWER

BLACK POWER

Un hombre cuelga de su propia vida
mientras el Greenwich Village se puebla
de rumores,
un hombre multiplica su infancia
y va creciendo con su ternura a cuestas
y en Manhattan, el tiempo es un aullido.
Un hombre sale oscuro, relumbrante
y su piel va sumando las auroras
del África dormida,
pero en Harlem, el África despierta,
es violenta la dulce madrugada, en el metro
un ardiente muchacho dice alegre: SOY NEGRO
y siente su negrura como un beso
como un sol de repente,
y su abuela en el sur, mira y sonríe
al templo de su piel. 

de Stella Calloni,
en donde baila la tierra, Ediciones Continente, 2019. 

sábado, 28 de febrero de 2026

Muro

Muro

La pared
más dura
con la que vas a chocar
una y otra vez
es que nadie puede darte
lo que nunca recibió.

de Nina Ferrari,
en Sustancia, Editorial Sudestada, 2020.

jueves, 26 de febrero de 2026

Fiel ama de casa

Fiel ama de casa

Todo terminó con la Luna de Miel:
Azahares, cartas de amor, llantos pueriles.

Ahora reptas a los pies de tu señor:
Primera en su harén,
tomada o abandonada según capricho
Madre de los hijos de su apellido
oreando tu abandono
junto al tendedero de pañales
estrujando tu corazón
hasta despercudirlo en la ropa blanca.
Acostumbrada al grito, a la humillación
de la mano servil ante la dádiva,
Mujer arrinconada
Sombra quejumbrosa
con jaquecas, varices, diabetes.

Niña guardada en estuche
que casó con primer novio
y envejeció escuchando el lejano bullicio
de la vida
desde su sitial de esposa.

de Daisy Zamora,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.90, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2014.

martes, 24 de febrero de 2026

Todo sucede en perfecto orden público

 Todo sucede en perfecto orden público

Todo sucede en perfecto orden público.
La sangre alterna en los semáforos
con un verde de égloga falsa.

Nadie anda a destiempo.

Esperen
peatones
pasen
de prisa.

En orden público se vive y muere,
se va al trabajo y se regresa al llanto,
se sufre y calla, se maldice y teme
en orden público.

Hay barrios donde huele a crimen elegante
y barrios de tristezas protegidas
pero en todos la gente se produce
en perfecto orden público.

Esperen
peatones
pasen

La gente se detiene, es detenida
por la señal de la sangre.

Se reanuda el tráfico rodado.

Y aquel brillo de sangre en el asfalto
tan sólo fue una gota en la sangrienta
publicidad. La gota por la que todavía
el vaso no rebosa sin embargo.

Esperen
peatones
hacia sek de esperanza en las quinielas,
dense prisa

Esperen
peatones
no se muevan
deben estar acostumbrados ya
al ritmo de la sangre y la esperanza.

De Jesús López Pacheco,
en Entre los poetas míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.23, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

domingo, 22 de febrero de 2026

Homenaje a Machado

Homenaje a Machado
   

de Alfonso Sastre,
en Balada de Carabanchel y otros poemas celulares, Ruedo Ibérico, 1976. 

viernes, 20 de febrero de 2026

El filósofo

El filósofo

Está el filósofo en la foto
en blanco y negro
contra un fondo de árboles
con grandes flores blancas,
o bajo un cielo poblado
de enormes estrellas?

¿Y está él iluminado,
muy blanca su camisa
y su mata de pelo,
por el sol, o bajo la luz,
muy blanca, de la luna?

¿Y qué esta explicando
con esa mano fuerte, levantada?

¿Acaso que la realidad
tiene dos o más explicaciones
pero es una misma realidad?

Pues solo la foto, y él la explica
sin darse cuenta
—su trabajo es explicar
incansablemente
el ser y el mundo—
nos demuestra
que la luz de la luna
es la misma —reflejada—
luz del sol, que la ilumina.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

jueves, 19 de febrero de 2026

a tus lágrimas...

a tus lágrimas
a tu llanto
le pondrán represas
le pondrán molinos
todo tu dolor
será productivo
hasta tus gritos
hasta tus gritos
 
Por Félix Sánchez Durán. 

miércoles, 18 de febrero de 2026

DE LA PATRIA JOVEN

DE LA PATRIA JOVEN

Graciosa bajo el humo que despiden sus hombres
quemados junto al Río
y predilecta ya, como las hijas,
en el ancho fervor de sus mujeres,
la Patria es un dolor que nuestros ojos
no aprenden a llorar.

Un pie arraigado en la niñez y el otro
ya tendido a los bailes de la tierra,
su corazón ofrece a las mañanas
que remontan el Río.
Y quisiera grabar en el día su sombra,
y decir las palabras
que castigan al tiempo
como a un noble caballo.
Pero vacila su talón ardido:
 "¡No es hora!" canta el año junto al Río.

Yo no calcé su pie ni vestí su costado:
no la cubrí de plata festiva para el gozo,
ni la calcé de hierro
para la grave danza de la muerte.
No restañé la herida salobre de su párpado,
ni dije su alabanza
con la voz de las armas.
¡Yo soy un fuego más entre los hombres
quemados junto al Río!

La infancia de la Patria se prolonga
más allá de tus fuegos, hombre, y de mi ceniza.
La Patria es un dolor
que aún no tiene bautismo:
sobre tu carne pesa lo que un recién nacido.

de Leopoldo Marechal,
en Los mejores poemas de la poesía argentina, Ediciones Corregidor, 1977.

lunes, 16 de febrero de 2026

Balada de Carabanchel - 1

Balada de Carabanchel - 1 

de Alfonso Sastre,
en Balada de Carabanchel y otros poemas celulares, Ruedo Ibérico, 1976.


sábado, 14 de febrero de 2026

EL PUENTE

EL PUENTE

Si me dicen que estás al otro lado
de un puente, por extraño que parezca
que estés al otro lado y que me esperes,
yo cruzaré ese puente.
Dime cuál es el puente que separa
tu vida de la mía,
en qué hora negra, en qué ciudad lluviosa,
en qué mundo sin luz está ese puente,
y yo lo cruzaré.

de Amalia Bautista,
en https://www.zendalibros.com/10-poemas-de-amalia-bautista/ (6/1/23).

viernes, 13 de febrero de 2026

La montaña

La montaña

No es tan complicado,
hay muchas cosas que se aprenden
más de una vez
a mí alguien me enseñó
a andar en bicicleta
en la costa, sin autos y colectivos
a salvo, en un lugar seguro
y alguien me enseñó de nuevo
con más años, con más paciencia
a ir por la calle
leer las luces de giro
entender si el semáforo era para mí.
Con alguien aprendí a amar
de forma ciega, adolescente
y con otra persona construí
el amor desde cero.
Hay más formas de andar en bicicleta
acróbatas que hacen saltos en dos ruedas
corredores que no le tienen miedo a la velocidad.
Hay más formas de quererse
no es fácil aprender
a amar de nuevo
no es fácil aprender
a bajar en bicicleta por una montaña empinada
pero dicen que la sensación
es increíble.

de Tamara Grosso,
en https://www.zendalibros.com/7-poetas-contemporaneos-argentinos-ii/ (2/2/26).


miércoles, 11 de febrero de 2026

Ahora la mujer

Ahora la mujer

Es capaz de beber la lluvia
frente a su ventana cerrada
de entender los secretos del viento
y cruzar desiertos,
descalza.
Ahora es capaz de unirse
en un pañuelo que
reclama.
De abrir los puños en el delantal
y en el mantel la plegaria.
Es capaz de tejer resignaciones
fuertes como telas de
araña.
Y de andar en procesiones
gastando las rodillas
hasta el alma.

de Elena Cabrejas,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.30, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

lunes, 9 de febrero de 2026

ENVIO

ENVIO

Dios nos lo deje para siempre si es que nos quiere dar un poco de grandeza
y nos lo cuide de los tibios y de los lobos que llevan puesta piel de oveja;
dios nos lo ampare, si es criollo, para que pueda hacer la patria a su manera
y guíe al pueblo que lo sigue, hacia la gloria silenciosa de su empresa,
para que todos nuestros hijos, dentro de un siglo, y junto al pie de la bandera
vean la patria justa y libre y soberana que con su esfuerzo nos entrega
y la Justicia de Perón resplandeciendo sobre las cosas y los hombres de la tierra.

de José María Castiñeira de Dios,
en Poetas depuestos / Antología de poetas peronistas de la primera hora, Editorial Punto de Encuentro, 2011.

sábado, 7 de febrero de 2026

CARTA A LEROI JONES

 CARTA A LEROI JONES

¿Llovía aquella tarde sobre la Quinta Avenida
sobre las manos que la usura transformó en
garras
sobre los ojos que el tiempo de esclavitud
o círculos de cadenas herrumbradas
transformaron en palomas bélicas?
No sé realmente qué pasaba,
en el Grenwich Village tampoco se sabía
mucho,
alguno se desbordaba aullando como un saxofón,
también la locura es un gesto de rebeldía
en aquellos lugares donde la piedad o el vuelo
o la ternura
son arrojados a los canastos de los grandes
basurales
entre gatos perdidos y nieves locas.

No sé realmente qué pasaba cuando escuché
tu voz,
quedé aturdida, hablando a gritos, saliéndome
de mí.
Andabas revolviendo tu dedo en cada llaga
abierta de la senectud,
sobre la sombra de Ginsberg, sobre tu propia
piel, que a veces extravía la dulzura.

Yo te escuché, pero te advierto,
antes había conocido a Aimé Cesaire
ciertamente antes que a ti,
cuando los pajaritos caribeños le comían
los ojos, las pestañas
y algunos lloraban debajo de los grandes
bananales de los imperios,
de las palmeras y los mares.
Lo conocí antes que a ti,
cuando llamaba con su boca ardiendo,
sin piedad, cavada de líquenes y algas antillanas,
llamaba amorosamente «negro» a su propio pie,
y sus dedos se deshacían bajo la magia
de su propio color.

Aprendió el principio del amor dedo por dedo
y así amaba a los otros,
decía a un hombre agobiado por ojos tan
profundos, que las llagas no le penetran nunca:
-negro, hermoso, negro- le decía
y al hombre le crecían unas alas acuosas
y miraba de cerca, altivamente, con un vuelo
vago,
a los grandes mercaderes de la fruta.
Pero ¿sabes?, urgida por mis propios oleajes
aprendí otras cosas, como los versos
despachados cablegráficamente -al servicio
de otros asuntos menos bellos- o locos
al viento, ácimos, dulces, locuaces,
saltando por las vocales y las consonantes,
pervirtiendo al fin las vaguedades
de la poesía rosada.
Desde Walt Witman, convertido en una
catedral de dedos humanísimos,
desde entonces hasta ahora, pasaron los
silencios,
las dudas, los crímenes,
las cópulas bestiales
los violinistas se enloquecieron,
un guitarrista tocaba con una cuerda sola
y te aseguro Leroi
que toda la poesía de tu cuerpo andaba
flotando por ahí.

Leroi Jones
soy una blancucha miserable, que sé agazaparme
como tú y esperar al enemigo
de frente,
también conozco día por día tu historia,
al fin nacimos de la misma magia
y las mismas águilas nos devoraron
para siempre la ternura,
aunque yo la defienda a todas horas y ella
sea mi arma sobre las tierras bajas.

Leroi Jones, «de vuelta a casa» viste demasiadas cosas.
Te fue dado ver como un paisaje bíblico
el revés de la trama,
tu dedo tocó con furor tanto páramo y tanta
mentira,
realmente no son los blancos,
o sí, es cierto, todo comenzó para ti con
esos barcos navegando entre lamentos
con bajeles hechos de hermosísima piel
arrancada a las esclavas negras,
quizás todo comenzó para ti con esos
cazadores de niños por las selvas
esos niños que siempre te dolerán
como una espina de tuna en la garganta,
pero la historia tiene además otras sombras
que yo no puedo contarte en una carta,
sólo te hablo de las mías, repetidas tantos
millones de veces quieras.

Aquí estamos nosotros,
los subdesarrollados, los subverdes,
hombres y mujeres que nos besamos
absurdamente tristes,
consumidos por cuanto perro suelto del odio
ambule por las calles,
o a veces, francotiradores que nos volvemos
con palabras o miradas furtivas o fusil.
 
Aquí, en este sur violento y miserable, sólo
basta con tener una boca profunda
para que te persigan como a un lobo,
como a un asesino feroz, enturbiando la quietud
de estas aguas,
que en realidad son lodo.
También los perros están entrenados para
cazarte
bajo las luces de los grandes reflectores
y las águilas saben muy bien —previo aprendizaje
en algunas escuelas del norte- cómo
pueden desollarte los ojos,
y aprendemos los altibajos de la economía
y la ferocidad de la colonización
sobre nuestros dulces cuerpos
a señal de garrotes, o sirenas rompetímpanos,
o picanas hundidas
más de todo el tiempo que un hombre
puede conservar la voz.
 
A veces,
cuando estás escribiendo un poema
pueden llegar a buscarte y llevarte con las manos
atadas, a cuenta de todo lo que has o no has hecho
y puede que ya nunca regreses con tus muslos
o cadera o boca ardiendo, delirante.
El periodismo informa de esos bellos perdidos
miserables,
y tú leerás al pasar
como quien lee un grabado en un árbol
y no entiende toda la desolación o la ternura
que se quedaron por ahí, con sus fuegos
y sus miserias.

Así andamos Leroi Jones
caminando al borde de muelles de cartón
y barcos de papel y ríos de cenizas donde uno
puede caer a cada rato
y toda la dulzura quedarse por allí
como en un pozo ciego.

Leroi,
piensa en lo que mi corazón anduvo queriendo
decir,
escucha la geografía, lee el mapa de América
y trata de poner un signo
amorosamente hecho con estas manos
que te amarán en algún amanecer.
«El subdesarrollado vive en la periferia
del amor», dicen algunos,
«el negro vive en la periferia del amor»
y el colonizado, ese bailarín loco
danzando en las macumbas y en los ritos
con sus pobres huesos, que ya no lo resisten más.
Sólo la mansedumbre, tan sólo la mansedumbre
es terrible ahora,
porque los chacales nunca aprendieron a mirar
estos pechos nuestros, hechos a manera comba o
cilíndrica,
pero tan dulces, tan furiosamente dulces.

Ya ves Leroi
soy una blancucha que vive a tu manera
de tormenta en tormenta.
Perdona si no insisto demasiado en cosas
como flor o pájaro o cuchillo o mis oleajes
muchedumbrosos o mi piel sonambular,
soy de carne y hueso, como quien dice, y tengo
el mismo olfato que tienes
cuando hueles los destinos futuros de
Wall Street.
Pero mira bien Leroi,
que entre las cuevas ceñidas por las grandes
ramplas
que entre la antigua música de todos
los bosquejos
estamos igualmente envueltos.
 
Escúchame Leroi:
voy a escribirte cartas con mis manos furiosas
inventadas para el amor,
con esta lengua que desmiente las metáforas
y los lenguajes,
porque es necesario decir las frases más
cercanas, las más dolorosas y tiernas,
es necesario Leroi, subvertir todo lo que
nos queda vivo al paso,
de cada hombre a pedazos por la miseria,
la impiedad o huecos del dolor,
hacer un hombre entero, disparado
sobre todos los mitos de la historia.
Amorosamente te escribo LeRoi
como si anduviéramos por el Bronx o Manhattan
o Chicago,
al pie de tus heridas, con toda la locura
y la pasión, como viejos leñadores alzados.

de Stella Calloni,
en donde baila la tierra, Ediciones Continente, 2019. 

jueves, 5 de febrero de 2026

Investigación

Investigación


de Charles Reznikoff,
en Holocausto, Zindo & Gafuri/Das Kapital Ediciones, 2021.

martes, 3 de febrero de 2026

Invitación para crear una música

Invitación para crear una música

Vengan los barcos que aguardan la hora de salir
y la flor que pinta logradas etapas en su día.

Las fragancias gustables de los aserraderos
y los aviadores que se sientan inseguros en tierra.

Los obreros que no derrumben su domingo
y los ganados adelgazados que siguen sin descanso un rumbo húmedo.

Ven tú, si aún siguen sorprendiéndote.

Crearé una música unida
en pentagramas astillados.

de Enriqueta Arvelo Larriva,
en Antología histórica de la poesía venezolana del siglo XX (1907-1996), Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2001.

domingo, 1 de febrero de 2026

¡guarda! el rey no está desnudo, no...

¡guarda!
el rey no está desnudo, no
siento el viento
acariciándome los huevos
mis pezones erguidos
los cardos a mis pies
¡no, el rey no está desnudo!
¡y la inocencia no es del niño!

Por Félix Sánchez Durán.

viernes, 30 de enero de 2026

Marina

Marina

Las muchachas
bocas demasiado rojas,
ojos presos en círculos
demasiado negros.

Oscuras ellas como anguilas
contrastan violentamente
con sus trajes de baño.
Andan de week-end
con unos viejos funcionarios internacionales
que beben whisky
y pagan su compañía con ropas y baratijas.
Ellos generosamente las obsequian
con su más tierna halitosis
y sus impotentes taquicardias.

Cardumen de sirenas o sardinas
lanzan las olas: guirnaldas y espuma.
Y brincan brincando mejor en la playa ardiente
que en las camas otoñales.

de Daisy Zamora,
en Entre los Poetas Míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.90, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2014.

miércoles, 28 de enero de 2026

“Sueño americano”

“Sueño americano”

... sí che la tema si volve in disio.
Dante, Inferno, III, 126

En el alegre infierno de los consumidores
los condenados viven en el paraíso triste
de la falsa abundancia fugitiva.

Los envuelve una bruma de deseos
insatisfechos, pero renovados siempre.
Son libres de comprar vendiendo el alma
y, esclavos de sus pobres propiedades nunca suyas,
no hacen la digestión jamás sin hipoteca.

El cráneo les horada, gota a gota,
una secreta admiración por los canallas.

Y todos son de todos cada día
correctos enemigos sonrientes
que en las primeras páginas y en las pantallas beben
lentamente el desprecio por sí mismos,
una desconfianza enferma de la vida
y el sueño sucio de vivir sin ser humanos.

De Jesús López Pacheco,
en Entre los poetas míos... - Colección Antológica de Poesía Social Vol.23, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2013.

lunes, 26 de enero de 2026

Un vagabundo

Un vagabundo

Esa noche pasé por su lado otra vez
y le oí decir que nada tenía
sino el duro asfalto.
Hablaba de sí mismo en tercera persona,
un largo recitado de amarguras,
ese guiñapo humano de piernas tumefactas
que dormía en la calle
a dos cuadras de mi casa,
y pintaba también a una sensual mujer
en eróticas escenas a la orilla del mar,
que parecía, como Venus, nacer de la espuma.
Eran dulces baladas de amor
cantadas por una momia chibcha,
bajo un letrero que decía
carnets de salud
con grandes letras rojas.
Y como un bisturí, el viento de Cruz Verde
se hundía en su cuerpo
y ahondaba la herida de la memoria.

de Nicolás Suescún,
en Jamás tantos muertos, Universidad Externado de Colombia, 2008.

sábado, 24 de enero de 2026

Rezo

Rezo

Un mensaje
a la madrugada
que diga:

lo que me perdí
por hacerle caso
siempre
al miedo.

de Nina Ferrari,
en Sustancia, Editorial Sudestada, 2020.

jueves, 22 de enero de 2026

LA GUARDIA EN LAS MALVINAS

LA GUARDIA EN LAS MALVINAS

Sombras de Brown, de Espora y de Rosales.
Sombras de las fragatas argentinas
Y de los capitanes inmortales,
Montad, bajo los cánticos australes
                    La guardia en las Malvinas

Aguas del Sur y los polares vientos,
Roncos con el graznar de aves marinas,
Cantad, bajo los cielos cenicientos
Con eternos e indómitos acentos:
                    La guardia en las Malvinas

Estrellas de la Cruz sobre el océano,
Puñal de Orión que sobre el mar te inclinas,
Luna del Polo y sol americano,
Iluminad sobre el peñón lejano.
                    La guardia en las Malvinas

Oleajes rumorosos del Atlante
Coronados de espumas peregrinas,
Recordadle al pasar al navegante,
Allá en las islas del confín distante:
                    La guardia en las Malvinas

Donde el extraño pabellón flamea,
Del mar entre las pálidas neblinas,
Al eterno gemir de la marea,
Allí estará, mientras la luz clarea,
                    La guardia en las Malvinas

de Héctor Pedro Blomberg,
en Poesía argentina y Malvinas: Una antología (1833-2022)Foffani, E. Torres, V.(Coords.), Universidad Nacional de La Plata, 2023.  

martes, 20 de enero de 2026

Acordaos de Pugachov...

Acordaos de Pugachov
mercaderes que camino
de Moscú burláis con pieles
y cabezas de chorlito
nuestros ideales de justicia
por el que ayer combatimos:
ni para que paseéis
en trineo se ha vertido
nuestra sangre, ni la sangre
se virtió del enemigo
para que vuestras tenderas
luzcan collares y anillos.
Hasta que el alba se anuncie,
no me asustaré del frío
cantaré toda la noche
por el Don y el Volga limpios,
y las barcas de la tarde
dirán por donde camino...
En el barco en que yo llegue,
sólo vendrán mis amigos.

de Velemir Jlebnikov,
en Poesía rusa del siglo XX, Centro Editor de América Latina, 1970
Versión de Carlos Álvarez..

lunes, 19 de enero de 2026

domingo, 18 de enero de 2026

Dones

Dones

Que el lírico te ofrece
el milagro del bosque en una hoja,
del huerto en una flor.

Y yo, tenso en la sombra,
frente al desnudo campo,
sólo te doy en pensamiento
aquella flor ardida
que abre entre las rocas.

O el rojizo brote
tierno sobre lo áspero
que trae del olvido
el más anciano ceibo.

de Rodolfo Moleiro,
en Antología histórica de la poesía venezolana del siglo XX (1907-1996), Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2001.

viernes, 16 de enero de 2026

Sobre aprender a diseccionar fetos de cerdo

Sobre aprender a diseccionar fetos de cerdo

Quiero de vuelta mis mecedoras,

los atardeceres solipsistas,

y sonidos de la selva costera que son tercetos de cigarras y pentámetros de las patas peludas de las cucarachas.

He donado biblias a tiendas de segunda mano

(las aplasté en bolsas de basura de plástico con una lámpara de sal ácida del Himalaya;

las biblias postbautismales, las que saqué de las esquinas de las manos carnosas de los fanáticos, las simplificadas, fáciles de leer, parasitarias):

Recuerdo más el olor a goma resbaladiza de las ilustraciones brillantes de los libros de texto de biología; me quemaban los pelos

dentro de la nariz,

y la sal y la tinta que se me pegaron en las palmas.

Bajo los recortes de luna a las dos cuarenta y cinco de la madrugada, estudio y repito.

Ribosoma

  endoplasmático—

  ácido láctico

  estambre

en el IHOP de la esquina de Powers y Stetson Hills—

repetí y garabateé hasta que se abrió camino y se estancó en un lugar que ya no puedo señalar, tal vez

mi intestino—

tal vez ahí, entre mi páncreas y mi intestino grueso, está el insignificante arroyo de mi alma.

Es la regla con la que ahora reduzco todas las cosas; de bordes duros y astillados por el conocimiento que

solía sentarse, un paño sobre la frente febril.

¿Puedo dejarlos a ambos en paz? Esta fe voluble y esta ciencia universitaria que me abuchea desde el fondo del aula

ahora no puedo creer que la Biblia, el Corán y el Bhagavad Gita me deslicen el pelo largo detrás de la oreja como solía hacerlo mamá y exhalen por la boca «hagan espacio para la maravilla».

Todo mi entendimiento se desliza por la barbilla hasta el pecho y se resume en:

La vida es simplemente

el óvulo y el espermatozoide

y dónde se encuentran

y con qué frecuencia y qué tan bien

y todo muere allí.

La versión del texto aparece oficialmente en:
El sitio de la Academy of American Poets (“poets.org”-https://poets.org/2020-on-learning-to-dissect-fetal-pigs), donde figura el poema “On Learning to Dissect Fetal Pigs” como el ganador del premio del año 2020.

de Renée Nicole Good,
en https://elniniorizoma.wordpress.com/2026/01/08/renee-nicole-good-1989-2026-on-learning-to-dissect-fetal-pigs/ (9/1/26).
Traducción: Julián Axat

miércoles, 14 de enero de 2026

la libertad que propone...

la libertad que propone
este liberalismo
es la libertad
del plato más grande
pero con menos comida

Por Félix Sánchez Durán.

lunes, 12 de enero de 2026

El sistema /1

El sistema /1

Los funcionarios no funcionan.
Los políticos hablan pero no dicen.
Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza enseñan a ignorar.
Los jueces condenan a las victimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas.

de Eduardo Galeano,
en El libro de los abrazos, Siglo XXI Editores, 1989.

domingo, 11 de enero de 2026

hemos quitado todas las rocas...

hemos quitado
todas las rocas
de nuestro camino
y al llover
no hemos tenido
dónde pisar firme

Por Félix Sánchez Durán. 

sábado, 10 de enero de 2026

Ante el desnudo de la libertad...

Ante el desnudo de la libertad,
a nuestro corazón le nacen alas;
y caminando al paso junto a ella,
nos miran las estrellas como hermanas.

Que nuestra mano recia romperá 
de quien se oponga las hirientes armas,
hasta lograr la libertad del pueblo
doquiera que posemos la mirada.

Y las mozas al vernos abrirán,
para decirnos colpas sus ventanas:
coplas de viejas luchas que nos digan
cómo en el pueblo el sol su luz derrama.

de Velemir Jlebnikov,
en Poesía rusa del siglo XX, Centro Editor de América Latina, 1970
Versión de Carlos Álvarez..